Tratado sobre la naturaleza humana

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Tratado sobre la naturaleza humana

Título Tratado sobre la naturaleza humana
Autor David Hume
Año 1740

Introducción[editar]

«Es evidente que todas las ciencias mantienen una relación más o menos estrecha con la naturaleza humana (...) Hasta las matemáticas, la filosofía natural (física y astronomía) y la religión natural (ciencias en boga) dependen en parte de la ciencia del hombre, pues se hallan bajo el conocimiento de los hombres y son juzgadas por sus poderes y facultades.

Quiere establecer el conocimiento, pero va a concentrarse en la capacidad humana de conocer, en la estructura de pensamiento; y tiene que justificar entonces esta inversión.

«Es imposible decir qué cambios y progresos podríamos hacer en estas ciencias si conociéramos totalmente la extensión y la fuerza del entendimiento humano y si pudiéramos explicar la naturaleza de las ideas que empleamos y de las operaciones que realizamos al razonar.» (las ideas juegan el papel de átomos, y las operaciones los movimientos de los átomos, regidos por leyes). «No somos sólo los seres que razonamos, sino también uno de los objetos acerca de los que razonamos.» Si las ciencias mencionadas dependen de tal modo del conocimiento del hombre, imaginate lo que pasa con otras ciencias como la lógica, que estudia nuestra facultad de razonar, la moral, la estética y la política. «En estas cuatro ciencias se comprende casi todo lo que nos puede importar de algún modo conocer (...) del espíritu humano.»

«No hay cuestión de importancia cuya decisión no se halle comprendida en la ciencia del hombre y no hay ninguna que pueda ser decidida con alguna certidumbre antes de que hayamos llegado a conocer esta ciencia. Por consiguiente, al pretender explicar los principios de la naturaleza humana, proponemos un sistema completo de las ciencias construido sobre un fundamento casi enteramente nuevo y el único sobre el que éstas pueden descansar con alguna seguridad.»

Todo otro tipo de fundamentación sería arbitraria, tenemos que establecer una fundamentación no arbitraria: esta es la diferencia con el dogmatismo. La teoría de Hume es una teoría fundacionista según la cual la mera racionalidad no alcanza, sino que debe haber un basamento empírico, las impresiones simples.

Y la única fundamentación sólida que podemos dar para la ciencia del hombre debe basarse en la experiencia y en la observación: Filosofía Experimental. (Este es el origen de la ciencia experimental y del empirismo.) De Tales a Sócrates - de Bacon a Locke (y a Hume). «(...) me parece evidente que la esencia del espíritu, siendo tan desconocida para nosotros como la de los cuerpos externos, debe ser igualmente imposible formarnos una noción de sus fuerzas y cualidades, más que por experimentos cuidadosos y exactos y por la observación de los efectos particulares que resultan de sus diferentes circunstancias y situaciones.»

Va a suponer que hay una regularidad en las cosas, por ejemplo, en nuestro sistema de entendimiento. Uno de los mecanismos retóricos que más va a utilizar es: «Cuando reflexiono, observo tal cosa: desafío a cualquiera a que me diga si encuentra algo diferente.»

«Y aunque debemos intentar hacer nuestros principios tan universales como sea posible, llevando nuestros experimentos lo más lejos posible y explicando todos los efectos por las causas más reducidas y simples, es aun cierto que no podemos ir más allá de la experiencia, y toda hipótesis que pretenda descubrir el origen y cualidades últimas de la naturaleza humana debe desde el primer momento ser rechazada como presuntuosa y quimérica.»

Aboga a favor de un sistema de simplicidad y a la vez rechaza rotundamente la metafísica, construye sobre la teoría del conocimiento y sigue los principios de la ciencia experimental.

«Cuando vemos que hemos llegado a la extrema extensión de la razón humana nos detenemos contentos aunque nos hallemos convencidos en lo capital de nuestra ignorancia y percibamos que no podemos dar una razón para nuestros principios más generales y refinados (...).»

Libro primero: Del entendimiento[editar]

Parte I: De las ideas: su origen, composición y abstracción[editar]

Sección primera: Del origen de nuestras ideas[editar]

«Todas las percepciones de la mente humana se reducen a dos géneros distintos que yo llamo impresiones e ideas. La diferencia entre ellos consiste en los grados de fuerza y vivacidad con que se presentan a nuestro espíritu (...). A las percepciones que penetran con más fuerza y violencia llamamos impresiones, y comprendemos bajo este nombre todas nuestras sensaciones, pasiones y emociones tal como hacen su primera aparición en el alma. Por ideas entiendo las imágenes débiles de éstas en el pensamiento y razonamiento (...). Creo que no será preciso emplear muchas palabras para explicar esta distinción. Cada uno por sí mismo podrá percibir fácilmente la diferencia entre sentir y pensar.»

Hume, en su manera de argumentar, elimina la necesidad de tener que dar una explicación muy universal para persuadirnos de que es así en todos los casos. Le basta con decir que cada uno haga la experiencia y reporte si encuentra algo distinto.

En el sistema de Hume, los átomos de la física newtoniana van a ser las ideas, y las leyes del movimiento (las leyes gravitatorias) va a ser las leyes de asociación de ideas. En primer lugar, va a desarrollar una descripción de los elementos de la mente humana. Hume es un empirista porque parte como primer elemento de una primera causa de las ideas, que son las impresiones. Las impresiones se producen en mí por una causa desconocida: sobre esto Hume no va a hablar porque eso sería hacer ficción, metafísica. Decir cómo se produce la impresión en mi mente es explicar la relación entre un mundo al que no tengo acceso y mi mente, sólo tengo acceso a mi mente, lo demás son inferencias que hago. Entonces va a partir del momento en que esa impresión está en mi mente y crea una copia, una idea. Por esto se dice también que Hume es un idealista. Sin embargo, para saber si un conocimiento es legítimo, no tengo que derivarlo de principios racionales como haría lo que llamamos comúnmente «idealismo», sino que tengo que reducirlo a las impresiones básicas correspondientes. Esto último es retomado por el empirismo del siglo XX, en el Círculo de Viena, que en un principio pretendió reducir todo conocimiento a enunciados protocolares. Aquello a lo que tengo acceso no es el mundo en sí, sino lo que percibo del mundo. Por eso hay también un origen fenoménico en esto.

«Existe otra división en nuestras percepciones (...) que se extiende a la vez sobre impresiones e ideas. Esta división es en simples y complejas. Percepciones o impresiones e ideas simples son las que no admiten distinción ni separación. Las complejas son lo contrario a éstas y pueden ser divididas en partes.» (Manzana)

Hay una gran semejanza entre nuestras impresiones e ideas en todo otro respecto que no sea su grado de fuerza y vivacidad; todas las percepciones del espíritu humano son dobles. Las ideas que yo formo son representaciones exactas de impresiones que yo he sentido. Pero « Observo que muchas de nuestras ideas complejas no tienen nunca impresiones que les correspondan y que muchas de nuestras impresiones complejas no son exactamente copiadas por ideas.· (no en todos sus detalles tal vez, como París). «(...) aunque existe en general una semejanza entre nuestras impresiones e ideas complejas, no es universalmente cierta la regla de que son copias exactas las unas de las otras. (...) toda idea simple posee una impresión simple que se le asemeja, y toda impresión simple, una idea correspondiente.» (Rojo)

Hume está tratando de reducir a ideas de impresiones simples toda la estructura del conocimiento. No puedo volver a la impresión, puedo volver a la idea. Si yo reduzco mis ideas complejas y mi conocimiento a esas ideas simples, esas simples sé que derivaron de la percepción y por eso puedo fundar en ellas el conocimiento.

Determinar cuáles de ellas (ideas e impresiones) son causas y cuáles efectos es el asunto del presente Tratado: «(...) todas nuestras ideas simples en su primera aparición se derivan de impresiones simples que son correspondientes a ellas y que ellas representan exactamente.». Pruebas:

  • «De la unión constante de percepciones semejantes concluyo inmediatamente que existe una gran conexión entre nuestras impresiones e ideas correspondientes y que la existencia de las unas tiene una considerable influencia sobre la de las otras. Una unión constante tal en un tal número infinito de casos no puede jamás surgir del azar, sino que prueba claramente la dependencia por parte de las impresiones de las ideas o de las ideas de las impresiones. Para que yo pueda saber de qué lado esta dependencia se halla considero el orden de la primera aparición y hallo, por la experiencia constante, que las impresiones simples preceden siempre a sus ideas correspondientes y que jamás aparecen en un orden contrario.»
  • «(...) siempre que por un accidente las facultades que producen algunas impresiones se hallan fuera de función, como cuando una persona es ciega o sorda de nacimiento, no sólo se pierden las impresiones, sino también las ideas correspondientes (...). No sólo esto es cierto cuando los órganos de la sensación se hallan totalmente destruidos, sino también cuando no han sido jamás puestos en acción para producir un impresión particular.»

Sin embargo, existe un fenómeno que contradice esto: si un hombre conoce todos los matices de un mismo color excepto uno del medio y se le muestra toda la gama de matices que conoce ordenados, advertirá que hay un hueco, una mayor distancia entre dos de los colores que entre los demás y será capaz de suplir con su propia imaginación esta falta. Esta observación particular apenas merece nuestra observación.

«Las ideas producen imágenes de sí mismas en nuevas ideas; pero como se supone que las primeras ideas se derivan de impresiones, sigue siendo cierto que todas nuestras ideas simples proceden mediata o inmediatamente de sus impresiones correspondientes. Este es pues el primer principio que establezco en la ciencia de la naturaleza humana (...).» Hume espera que con este principio se terminen todas las disputas sobre el innatismo de las ideas.

Sección segunda: División del asunto[editar]

«(...) el método parece requerir que examinemos nuestras impresiones antes de considerar nuestras ideas. Las impresiones pueden ser divididas en dos géneros: las de la sensación y las de la reflexión. El primer género surge en el alma, originariamente por causas desconocidas. El segundo deriva, en gran medida, de nuestras ideas y en el siguiente orden. Una impresión nos excita a través de los sentidos y nos hace percibir calor o frío, sed o hambre, placer o dolor de uno u otro género. De esta impresión existe una copia tomada por el espíritu y que permanece después de que la impresión cesa, y a esto llamamos una idea. La idea de placer o pena produce, cuando vuelve a presentarse en el alma, las nuevas impresiones de deseo y aversión, esperanza y temor que pueden ser llamadas propiamente impresiones de reflexión porque derivan de ella. Estas son a su vez copiadas por la memoria e imaginación y se convierten en ideas que quizá a su vez dan lugar a otras impresiones e ideas; de modo que las impresiones de reflexión no son sólo antecedentes a sus ideas correspondientes sino también posteriores a las de sensación y derivadas de ella.».

  • Causa desconocida
  • Impresión de la sensación
  • Memoria e imaginación
  • Idea de la sensación
  • Reflexión
  • Impresión de la reflexión
  • Memoria e imaginación
  • Idea de la reflexión

«El examen de nuestras sensaciones corresponde más a los anatomistas y filósofos de la naturaleza que a la moral y, por consiguiente, no debemos ahora entrar en él. Como las impresiones de reflexión, a saber: pasiones, deseos y emociones (...) surgen las más veces de ideas, debemos invertir el método (...).»

Pasiones, deseos y emociones son lo que influye en nuestras conductas y en las diferencias entre los seres humanos. Uno de los objetivos del tratado es la tolerancia.

El mero hecho de elegir un camino subjetivista de fundamentación me presenta el problema del solipsismo. El único campo de certeza es el campo de la mente humana; parte del problema del solipsismo es que sólo tengo una mente que es la mía.

Sección tercera: De las ideas de la memoria y la imaginación[editar]

La reaparición de una impresión en forma de idea puede suceder de dos modos diferentes: conservando un grado considerable de vivacidad (intermedio entre impresión e idea) o perdiendo enteramente la vivacidad (100% idea). La facultad que reproduce las impresiones del primer modo es la memoria, y la que lo hace del segundo, imaginación. Si bien las ideas de una u otra sólo tienen lugar cuando ya lo han tenido sus impresiones correspondientes, su reproducción se diferencia en que la imaginación no está obligada a seguir el mismo orden y forma de las impresiones originales, mientras que la memoria sí. «(...) la memoria conserva la forma original en la que sus objetos fueron presentados y siempre que nos apartamos de aquélla al recordar algo procede esto de algún defecto o imperfección de dicha facultad.». «La función capital de la memoria no es conservar la ideas simples, sino su orden y posición.» (segundo principio).

La imaginación, en cambio, tiene libertad para alterar el orden y transformar sus ideas. «No debe parecer extraña esta libertad de la fantasía si consideramos que todas nuestras ideas son copias de nuestras impresiones y que no hay dos impresiones que sean totalmente inseparables. No es preciso mencionar que es esto una consecuencia evidente de la división de las ideas en simples y complejas. Siempre que la imaginación percibe una diferencia entre ideas puede producir fácilmente una separación.» (esa mayor libertad de la imaginación es también lo que le da mayor inestabilidad).

Sección cuarta: De la conexión o asociación de ideas[editar]

«Como todas las ideas simples pueden ser separadas por la imaginación y pueden ser unidas de nuevo en la forma que a ésta agrade, nada sería más inexplicable que las operaciones de esta facultad si no estuviese guiada por algunos principios universales que la hacen en alguna medida uniforme. (...) Este principio de unión entre las ideas no ha de ser considerado como una conexión inseparable, pues esto ha sido ya excluido por la imaginación, (...) sino que hemos de considerarlo como una fuerza dócil que prevalece comúnmente y es la causa de por qué, entre otras cosas, los lenguajes se corresponden tan exactamente los unos a los otros (...).»

El término «fuerza» remite a la física, pero esta, contrario a las leyes gravitatorias, es una fuerza suave. El hecho de que podamos usar el mismo lenguaje implica que nos referimos a conglomerados de ideas uniformes. El hecho de que distintas lenguas recorten las mismas ideas también sugiere que hay algo en la mente humana, en la naturaleza humana y no meramente en la cultura particular para que ello suceda. Esto es lo que posibilita la comunicación con otros sujetos, es el primer paso para iniciar un diálogo en pos de la tolerancia.

Hume no va a preguntarse por qué son estas y no otras las fuerzas suaves que reúnen en la mente las ideas, porque eso sería hacer metafísica. Hume toma también de Newton la idea de no fingir hipótesis, no crear hipótesis en aquellos ámbitos en los que no se pueda conocer.

«Las cualidades de que surge esta asociación y por las cuales de este modo es llevado el espíritu de una idea a otra son tres, a saber: semejanza, contigüidad en tiempo y espacio y causa y efecto.». «(...) como los sentidos al cambiar sus objetos están obligados a cambiarlos regularmente y a tomarlos tal como se hallan contiguos unos a otros, la imaginación debe, en virtud de una larga costumbre, adquirir el mismo método de pensar y recorrer las partes del espacio y el tiempo al concebir sus objetos. En cuanto a la conexión que está constituida por la relación de causa y efecto, (...) no hay relación que produzca una conexión más fuerte en la fantasía (...).»

«(...) dos objetos están enlazados entre sí en la imaginación, no sólo cuando el uno es inmediatamente semejante, contiguo o causa del otro, sino también cuando se interpone entre ellos un tercer objeto que tiene con los dos alguna de estas relaciones. Esto puede ser prolongado en una gran extensión, aunque observamos al mismo tiempo que cada aumento de términos disminuye considerablemente la relación.»

El gran supuesto es que hay regularidad en la naturaleza, pero no se dice nada de las causas de esa regularidad. Por tanto, no se puede concluir que es necesario. Para poder buscar la legitimidad de ideas como las abstractas o la de causalidad, Hume va a tener que ver de qué manera es posible reducirlas a impresiones simples correspondientes (estos son los dos problemas principales que tiene Hume).

« (...) no sólo dos objetos están enlazados por la relación de causa y efecto cuando el uno produce un movimiento o una acción del otro, sino también cuando tiene el poder de producirlas. (...) esto es la fuente de todas las relaciones de interés y deber por los que los hombres se influyen unos a los otros en la sociedad y se hallan sometidos a los lazos del gobierno y la subordinación. Un señor (amo) es una persona que por su situación, que surge de la fuerza o del pacto, tiene el poder de dirigir en ciertos respectos las acciones de otra persona que llamamos criado.»

Es decir, el fin de la relación naturalizada entre el amo y el esclavo, que venía desde Aristóteles y que ahora va a dar lugar a una relación establecida por pacto, la idea del contrato social. Pero aun en esta relación por pacto está implícita la relación de poder por la cual sigue habiendo amos y esclavos.

«Cuando una persona posee algún poder no se requiere para ponerlo en acción más que el ejercicio de la voluntad, y esto se considera, en cada caso, como posible y, en muchos, como probable, especialmente en el caso de la autoridad, donde la obediencia del súbdito es un placer y una ventaja para el superior. (...) Estos son, por consiguiente, los principios de unión o cohesión de nuestras ideas simples y ocupan en la imaginación el lugar de la conexión inseparable por las que se hallan unidas en nuestra memoria. Existe aquí un género de atracción que (...) posee en el mundo mental efectos tan extraordinarios como en el natural, (...) pero (...) sus causas son la más de las veces desconocidas (...), que yo no puedo explicar.» (lo que observo es la sistematicidad de estas maneras de organizar la experiencia). La investigación de los filósofos estará mucho mejor empleada examinando los efectos que indagando las causas de sus principios.

«Entre los efectos de esta unión o asociación de ideas no existe ninguno tan notable como las ideas complejas, que son los objetos comunes de nuestros pensamientos y razonamientos y que surgen generalmente de algún principio de unión entre nuestras ideas simples. Estas ideas complejas pueden dividirse en relaciones, modos y substancias.

Sección quinta: De las relaciones[editar]

«La palabra relación se usa en dos sentidos muy diferentes el uno del otro. Designa a veces la cualidad por la cual dos ideas se hallan enlazadas entre sí en la imaginación y por la que una de ellas despierta naturalmente la otra, según se ha explicado (sentido corriente), y otras la circunstancia particular según la que, aun en la unión arbitraria de dos ideas en la fantasía, consideramos apropiado compararlas (sentido sólo filosófico, se establecen sin un principio de enlace natural).»: pueden ser comprendidas bajo siete títulos generales, orígenes de toda relación filosófica:

  • La semejanza: «(...) ningún objeto admitirá una comparación más que cuando tenga con otros algún grado de semejanza (...).». Es necesaria pero no siempre suficiente (interna).
  • La identidad: aplicada en su sentir estricto a los objetos constantes e inmutables; es la relación más universal por ser común a todo ser cuya existencia tiene alguna duración (externa).
  • Las del espacio y tiempo: son las segundas más universales y el origen de infinitas comparaciones (arriba) (externa).
  • La cantidad o el número: todos los objetos que admiten cantidad o número pueden ser comparados en este respecto (interna).
  • Los grados: cuando dos objetos poseen una misma cualidad, los grados en que la poseen forman una relación (interna).
  • La oposición (interna).
  • La de causa y efecto (también una relación natural) (externa).

Las relaciones internas dependen enteramente de las ideas que comparamos. Las relaciones externas pueden ser concebidas (cambiadas) sin cambio alguno en las ideas.

Sección sexta: De los modos y substancias[editar]

«No tenemos (...) una idea de la substancia distinta de una colección de cualidades particulares (...). La idea de una substancia, lo mismo que la de un modo, no es más que una colección de ideas simples que están unidas por la imaginación. (...) las cualidades particulares que forman una sustancia se refieren corrientemente a un algo desconocido, al que se supone son inherentes, o, concediendo que esta ficción no tiene lugar, se supone al menos que se hallan enlazadas estrecha e inseparablemente por las relaciones de contigüidad y causalidad. (...) El principio de unión, siendo considerado como parte capital de la idea compleja, da entrada a cualquier cualidad que se presente después y es igualmente comprendida por él como las otras que se presentaron primeramente.». Con los modos es diferente: las ideas simples de las que los modos están formados, si se hallan unidas, su principio de unión no se considera como el fundamento de una idea compleja; porque ideas complejas semejantes no pueden admitir una nueva idea sin cambiar el nombre que distingue al modo.» (si cambiás un detalle cambia el modo).

La misma crítica que hizo al concepto de ‘sustancia’ va a hacer respecto del concepto de ‘yo’: en realidad lo que tengo es un conjunto de impresiones, vivencias, pero no hay nada que sea el sustrato de ese conjunto de vivencias como un sustrato metafísico. Lo mismo con la noción de ‘causalidad’.

Sección séptima: De las ideas abstractas[editar]

«Un gran filósofo (Berkeley) ha combatido la opinión tradicional en este particular (las ideas abstractas son generales) y ha afirmado que todas las ideas generales no son más que ideas particulares unidas a un cierto término que les concede una significación más extensa y las hace despertar, en ocasiones, otras ideas individuales que son semejantes a ellas.». Hume adhiere y quiere dar argumentos a favor: una idea abstracta representa a todos los individuos de una clase; «(...) de lo que se concluye que no puede hacerlo más que o representando a la vez todos los tamaños y cualidades posibles o no representando ninguno. Ahora bien; estimándose como absurdo defender la primera posición, por implicar una capacidad infinita del espíritu, se ha decidido (...) que nuestras ideas abstractas no representan ningún grado particular de cantidad o cualidad. Sin embargo, haré ver que esta decisión es errónea, (...)»

  • Probando que es totalmente imposible concebir una cantidad o cualidad sin formarse una noción precisa de sus grados: los grados particulares de cantidad y cualidad no son separables ni distinguibles ni diferentes del objeto acerca del cual me formo la idea general, como de una línea no es separable su longitud. Las ideas generales, a pesar de todas nuestras abstracciones y refinamientos, tienen un grado preciso de cantidad y cualidad, aunque puedan llega a ser generales en su representación; pues son copias de impresiones y éstas son siempre particulares y porque en la naturaleza es absurdo que un objeto no tenga grados particulares de cualidad y cantidad y, por tanto, lo mismo debe ser en la idea; nada de lo que podemos formarnos una idea clara y distinta es absurdo o imposible (Principio: si algo es concebible entonces es posible).
  • Mostrando que, aunque la capacidad del espíritu no es infinita, podemos formarnos a la vez una noción de todos los grados posibles de cantidad y cualidad, aunque de una manera imperfecta: «Cuando hemos hallado una semejanza entre varios objetos y que frecuentemente se nos presenta, aplicamos el mismo nombre a todos ellos, cualesquiera que sean las diferencias que podamos observar en los grados de su cantidad y cualidad (...).». «La palabra despierta una idea individual (de alguno de estos objetos) y al mismo tiempo un cierto hábito, y este hábito produce cualquier otra idea individual (de otro de estos objetos) (...).». «No están éstas realmente presentes en el espíritu, pero sí solamente en potencia, (...) somos capaces de considerar fácilmente alguna de ellas cuando lo exija una necesidad presente.» (podemos formarnos una noción de todos los grados posibles de cantidad y cualidad, pero no simultáneamente ni en la misma idea).

La palabra revive esa costumbre de establecer una semejanza entre varios objetos y ponerles nombre. Un término universal es un término que me despierta a la vez una idea particular y una capacidad de remitirme a cualquier otra dentro de la misma clase.

«Esta es, pues, la naturaleza de nuestras ideas abstractas y términos generales, y de esta manera es como explicamos la precedente paradoja de que algunas ideas son particulares en su naturaleza y generales en su representación. Una idea particular se hace general uniéndose con un término general, esto es, con un término que por una unión habitual está en relación con otras muchas ideas particulares y las reproduce en la imaginación fácilmente.» Habría una dificultad en torno a la explicación del ‘hábito’, y como es imposible explicar las causas últimas de nuestras acciones mentales, será suficiente una explicación por experiencia y por analogía (los razonamientos inductivo y analógico no presuponen la universalidad)(números grandes sin ideas adecuadas; recordar una palabra del poema para recordarlo todo; a veces usar términos a los que no les unimos ninguna idea (conquista, gobierno, iglesia); como los individuos son reunidos y subsumidos bajo un término general de acuerdo con la semejanza que muestran entre sí, esta relación facilita su entrada en la imaginación).

Distinción de razón (entre figura y cuerpo figurado, movimiento y cuerpo movido): la dificultad de explicar esta noción surge del principio según el cual todas las ideas separables son diferentes y viceversa. La solución: son distinguibles y diferentes, y lo sabemos mediante el hábito: vemos una esfera de mármol blanco y no podemos distinguir nada; pero después vemos otra de mármol negro y entonces comenzamos a distinguir figura de color por una distinción de razón; son en efecto la misma cosa e indistinguibles pero vistos bajo aspectos diferentes. «Cuando consideramos solamente la figura de la esfera de mármol blanco, nos formamos, en realidad, una idea de la figura y el color, pero tácitamente dirigimos nuestra vista a su semejanza con la esfera de mármol negro (...). Acompañamos nuestras ideas de una especie de reflexión, de la que el hábito nos hace, en gran parte, insensibles.».

Parte III: Del conocimiento y la probabilidad[editar]

Sección primera: Del conocimiento[editar]

«Estas relaciones (filosóficas) pueden dividirse en dos clases: las que dependen enteramente de las ideas que comparamos entre sí y las que pueden cambiar sin cambio alguno en las ideas.». A la segunda clase pertenecen: identidad, relaciones de tiempo y lugar y causalidad. Estas relaciones no pueden jamás descubrirse por la mera consideración de las ideas de los objetos que relacionan, son relaciones de las que nos informamos por la experiencia y no por el razonamiento. «No existe ningún fenómeno particular (...) que pueda ser explicado por las cualidades de los objetos (...) o pueda ser previsto sin la ayuda de nuestra memoria y experiencia.». (...)

De las que dependen enteramente de las ideas que comparamos, tres «(...) pueden descubrirse a primera vista y corresponden más apropiadamente al dominio de la intuición que al de la demostración (se revelan directamente a la vista o al espíritu) (...)», salvo la igualdad o proporción exacta (geometría y arte). Esto tampoco es 100% exacto porque «las decisiones primarias de las matemáticas suponen siempre una inclinación sensible»; «sus primeros principios se obtienen de la apariencia general de los objetos». «Por consiguiente, sólo quedan el álgebra y la aritmética como las únicas ciencias en las que podemos elevar el encadenamiento del razonamiento a un elevado grado de complicación y mantener, sin embargo, una perfecta exactitud y certidumbre.». La geometría no es una ciencia infalible porque, contrario a la aritmética, no tiene un criterio preciso de igualdad. Sin embargo, no tiene demasiados problemas porque nos lleva a apariencias tales que por su simplicidad no pueden hacernos caer en un error considerable.

Es usual en matemática y filosofía creer que las ideas matemáticas son tan refinadas y espirituales que no caen bajo la concepción de la fantasía, sino que deben ser comprendidas por una visión intelectual propia de las facultades superiores del alma. Esta concepción se usa para explicar cómo podemos tener, por ejemplo, una idea de triángulo que no sea ni isósceles ni escaleno, etc.. Por este medio se ocultan muchos absurdos y se rehúsa a someterse a las decisiones de las ideas claras. Pero todas nuestras ideas son copias de nuestras impresiones.

Sección segunda: De la probabilidad y de la idea de causa y efecto[editar]

Estas cuatro relaciones (las internas) son el fundamento de la ciencia. Las otras tres no dependen de la idea y pueden estar ausentes o presentes mientras la idea permanece la misma. «Todo razonamiento no consiste más que en la comparación y en el descubrimiento de las relaciones constantes o inconstantes que dos o más objetos mantienen entre sí (de aquí deriva el método de la filosofía analítica). Podemos hacer esta comparación cuando estos dos objetos se hallan presentes a los sentidos, o cuando ninguno de ellos está presente, o cuando lo está uno solo.» Cuando los dos están, juntamente con la relación, llamamos a esto más bien percepción que razonamiento, hay una mera admisión pasiva de las impresiones (relación natural, no filosófica). «Según este modo de pensar, no podemos admitir como razonamiento las observaciones que podemos hacer referentes a la identidad y a las relaciones de tiempo y lugar, pues en ninguna de ellas el espíritu puede ir más allá de lo que está inmediatamente presente a los sentidos (...). Tan sólo la causalidad produce una conexión que nos da la seguridad de la existencia o acción de un objeto que fue seguido o precedido por la existencia o acción de otro (...). No existe nada en los objetos que nos persuada de que están siempre remotos o siempre contiguos, y cuando descubrimos por la experiencia y la observación que su relación en este particular es invariable, concluimos que existe alguna causa secreta que los separa o los une. El mismo razonamiento se aplica a la identidad.»; a pesar de la interrupción de la percepción de un objeto le atribuimos una identidad. Esta conclusión que va más allá de nuestros sentidos se funda en la conexión de causa y efecto. «(...) de las tres relaciones que no dependen de las meras ideas, la única que puede ser llevada más allá de los sentidos e informarnos de existencias y objetos que no podemos ver o tocar es la causalidad.»

Todo saber necesario está dado por la causalidad. Hume va a hacer ese giro copernicano de poner la necesidad en nuestro pensamiento y no en el mundo. Es el giro brutal de la metafísica a la gnoseología.

Debemos analizar la idea de causalidad, ver de qué origen se deriva; porque es imposible entender una idea sin examinar la impresión primaria de la que surge: miro dos objetos, uno causa, otro efecto, y veo que no hay una cualidad que corresponda universalmente a todos los seres que se encuentran bajo la relación de causa y efecto (no es interna). La idea de causalidad debe derivarse de alguna relación entre los objetos. «(...) todos los objetos que se consideran como causa y efecto son contiguos y nada puede operar en un tiempo o lugar que se halle algo separado del de su propia existencia. (...) Podemos considerar, pues, la relación de contigüidad como esencial a la de causalidad (...).». La segunda relación esencial para las causas es la prioridad en el tiempo de la causa con respecto del efecto. La experiencia lo muestra y además: es una máxima de la filosofía natural que un objeto que existe en algún tiempo en su plena perfección sin producir otro no es su única causa, sino que es auxiliado por algún otro principio que le saca de su estado de inactividad. Si una causa fuese contemporánea de su efecto, y este efecto de sus efectos, todos los objetos deberían ser coexistentes. La consecuencia de esto es la aniquilación de la sucesión de las causas y del tiempo.

No debemos contentarnos con estas dos relaciones de contigüidad y sucesión; «Un objeto puede ser contiguo y anterior a otro sin ser considerado como su causa. Existe una conexión necesaria que debe ser tenida en consideración, y esta relación es de mucha mayor importancia que ninguna de las dos antes mencionadas.». Pero esta idea no depende de las cualidades de los objetos que relaciona ni se halla entre las relaciones que entre ellos existen, sino sólo contigüidad y sucesión. Hume acá va a hacer entonces un rodeo por otras cuestiones relacionadas.

Sección tercera: Por qué una causa es siempre necesaria[editar]

«(...) es una máxima general en filosofía que todo lo que comienza a existir debe tener una causa de su existencia. (...) Toda certidumbre surge de la comparación de las ideas y del descubrimiento de las relaciones que son inalterables, en tanto las ideas continúan siendo las mismas.»; ninguna de estas ideas se halla implicada en la máxima en cuestión. «Esta proposición, por consiguiente, no es intuitivamente cierta.». La imaginación puede siempre separar la causa del efecto, no se deriva un absurdo de suponer que se da uno sin el otro; la relación no puede ser explicada por un razonamiento y todos los intentos en la filosofía son puras falacias (Hume considera tres y los refuta). Luego, la proposición no es cierta ni intuitiva ni demostrativamente. La opinión de la necesidad de una causa debe entonces surgir de la observación y la experiencia. La próxima cuestión debe ser la de saber cómo la experiencia de lugar a un principio tal o, mejor: por qué concluimos que tales causas particulares tengan tales efectos particulares y por qué hacemos una inferencia de los unos a los otros.

Sección cuarta: De los elementos componentes de nuestros razonamientos relativos a la causa y el efecto[editar]

«Cuando inferimos efectos partiendo de causas debemos establecer la existencia de estas causas, para hacer lo cual sólo tenemos dos caminos: la percepción inmediata de nuestra memoria o sentido o la inferencia partiendo de otras causas, causas que debemos explicar de la misma manera por una impresión presente o por una inferencia partiendo de sus causas, y así sucesivamente hasta que lleguemos a un objeto que vemos o recordamos.»

Sección quinta: De las impresiones de los sentidos y la memoria[editar]

«(...) tenemos aquí tres cosas que explicar, a saber: primero, la impresión originaria; segundo, la transición a la idea de la causa o efecto relacionado; tercero, la naturaleza o cualidades de esta idea.»:

«En cuanto a las impresiones que surgen de los sentidos, su causa última es, en mi opinión, perfectamente inexplicable por la razón humana (...).». La cuestión no tiene importancia; podemos realizar inferencias partiendo de la coherencia de nuestras percepciones, ya sean éstas verdaderas o falsas. La diferencia de la memoria con la imaginación es su fuerza y vivacidad superiores. Una idea de la memoria, al perder su fuerza y vivacidad, puede ser tomada por una idea de la imaginación; y del mismo modo, una idea de la imaginación puede adquirir una fuerza tal que pase a ser una idea de la memoria y a producir sus efectos sobre la creencia y el juicio (mentirosos, en quienes la costumbre tiene la misma influencia que la naturaleza). La creencia o asentimiento que acompaña siempre a la memoria y los sentidos no es sino la vivacidad de las percepciones. «La fuerza y la vivacidad de la percepción son tan sólo las que constituyen el primer acto del juicio y proporcionan el fundamento del razonamiento que construimos sobre él cuando establecemos la relación de causa y efecto.».

Sección sexta: De la inferencia de la impresión a la idea[editar]

«(...) sólo por experiencia podemos inferir la existencia de un objeto partiendo de la del otro. La naturaleza de la experiencia es ésta. Recordamos haber tenido frecuentemente casos de la existencia de una especie de objetos y también recordamos que los individuos de otra especie de objetos han acompañado siempre a aquéllos y han existido en un orden regular de contigüidad y sucesión con respecto a ellos. Así, (...) recordamos su unión constante en todos los casos pasados. Sin más requisitos, llamamos a los unos causas y a los otros efectos e inferimos la existencia de los unos partiendo de la de los otros.». Hemos así descubierto una nueva relación entre la causa y el efecto: su enlace constante, la permanencia firme en varios casos de la contigüidad y la sucesión. Parece evidente, a primera vista, que por este medio no podemos jamás descubrir una nueva idea; tan sólo podemos multiplicar, pero no ampliar, los objetos de nuestra mente. De todos modos, «(...) habiendo hallado que después del descubrimiento del enlace constante con los objetos hacemos siempre una inferencia de un objeto al otro, debemos examinar la naturaleza de esta inferencia y de la transición de la impresión a la idea. Quizá resultará, en último término, que el enlace necesario depende de la inferencia en lugar de depender la inferencia del enlace necesario.»

«(...) se nos pone ahora la cuestión de si la experiencia produce la idea por medio del entendimiento o la imaginación (...)». Si la razón nos determinase, procedería basándose en el principio de que la naturaleza se comporta de modo uniforme. Pero podemos concebir perfectamente un cambio en el curso de la naturaleza y el formarnos una idea clara de algo constituye un argumento innegable para su posibilidad y es por sí solo una refutación de cualquier demostración pretendida en contra de él.

La probabilidad no descubre las relaciones de las ideas consideradas como tales sino solamente de las de los objetos; debe en algún sentido basarse en las impresiones de nuestra memoria y sentido y también en nuestras ideas. Sin lo primero, la conclusión es quimérica; sin lo segundo, no hay razonamiento propiamente dicho. La única conexión de ideas en la que puede fundarse una inferencia exacta de un objeto a otro es la de causa y efecto, que deriva de la experiencia. La probabilidad se funda sobre ella y no viceversa. «La razón jamás puede mostrarnos el enlace de un objeto con otro, aunque esté auxiliada por la experiencia y la observación de su enlace constante en todos los casos pasados.»; el espíritu no está allí auxiliado por la razón sino por ciertos principios que asocian entre sí las ideas de estos objetos y las unen en la imaginación. Si las ideas no tuviesen mayor unión en la fantasía que en el entendimiento, no podríamos hacer jamás una inferencia de causa a efectos.

Los principios de unión entre las ideas son semejanza, contigüidad y causalidad; los cuales no son causas infalibles ni las únicas causas y las uniones. «No tenemos otra noción de causa y efecto más que la de ciertos objetos que han sido enlazados siempre juntos y que en todos los casos pasados se han hallado que son inseparables. No podemos penetrar en la razón del enlace. (...) Así, aunque la causa sea una relación filosófica implicando contigüidad, sucesión y enlace constante, sin embargo, solamente en tanto que es una relación natural y produce una unión entre nuestras ideas somos capaces de razonar sobre ella o de hacer una inferencia partiendo de ella.»

Sección séptima: De la naturaleza de la idea o creencia[editar]

«La idea de un objeto es una parte esencial de la creencia acerca de él, pero no toda ella. Concebimos muchas cosas que no creemos.». Además, la creencia de existencia no agrega nada a la idea de lo que se cree que existe, ni aporta una nueva idea para unirla con la anterior. Luego, la diferencia debe estar en la manera de concebirlo. «Cuando se quiere cambiar la idea de un objeto particular no se puede hacer más que aumentar o disminuir su fuerza y vivacidad. Si se hace otro cambio en ella representará un objeto diferente. (...) como la creencia no hace más que variar la manera en que concebimos algún objeto, puede solamente conceder a nuestras ideas una fuerza y vivacidad adicionales.». Una opinión o creencia es una idea vivaz relacionada con una impresión presente (por ejemplo, la causa o el efecto).

Sección octava: De las causas de la creencia[editar]

«(...) procedamos ahora a examinar de qué principio se deriva y qué concede vivacidad a la idea.». «(...) cuando el espíritu se halla vivificado por una impresión presente, se forma una idea más vivaz de los objetos relacionados por una transición natural de la disposición del uno a los otros. (...) A producir este efecto concurren una relación (cualquiera de las nombradas) y una impresión presente (imágenes católicas). (...) una impresión presente, mediante la relación de causalidad, puede vivificar una idea y, por consecuencia, producir la creencia o asentimiento según la anterior definición de ésta. (...) La impresión presente es la que debe ser considerada como la causa de la idea y de la creencia que la acompaña. Debemos tratar de descubrir, mediante experimentos, las cualidades particulares que la capacitan para producir un efecto tan extraordinario.». Primero, la impresión presente no tiene este efecto por sí misma en tanto es una percepción única, limitada al momento presente. Pero sí puede ser fundamento de la creencia cuando ya poseo la experiencia de sus consecuencias usuales. Segundo, esta creencia que acompaña a la impresión presente y es producida por un cierto número de impresiones y enlaces pasados surge inmediatamente sin una nueva actividad de la razón o imaginación (jamás advierto una actividad tal). Entonces, «(...) toda creencia que sigue a una impresión presente se deriva tan sólo de la costumbre («Así, todo razonamiento probable no es más que una especie de sensación.»). «Los objetos no poseen una conexión entre sí que pueda descubrirse, y por ningún otro principio más que por la costumbre, que actúa sobre la imaginación, podemos hacer una inferencia partiendo de la apariencia de uno para llegar a la existencia del otro. (...) El hábito actúa antes de que tengamos tiempo para la reflexión. (...) la experiencia puede producir una creencia y un juicio relativo a causas y efectos por una actividad separada y sin pensar en ello (gravedad).»; aquí no interviene ningún principio. solo se puede saber que ambos cuerpos se pueden demostrar atravez de la grandes corrientes de la filosofía

Sección decimocuarta: De la idea de la conexión necesaria[editar]

Llegó el momento de retomar la cuestión de cuál es nuestra idea de la necesidad cuando decimos que dos objetos están necesariamente enlazados entre ellos. Debemos hallar alguna impresión que dé lugar a esta idea. La necesidad se atribuye siempre a las causas y a los efectos; entonces dirijo mi vista hacia dos de estos: son contiguos en tiempo y lugar; el que llamamos «causa» precede al que llamamos «efecto». No puedo ir más lejos. Amplío mi consideración hacia varios casos en los que hallo iguales objetos en iguales relaciones. Esto sólo repite los mismos objetos, no puede dar lugar a una nueva idea. Pero como cada repetición no es en particular la misma, produce una nueva impresión. Después de una repetición frecuente hallo que ante la aparición de uno de los objetos el espíritu se halla determinado por la costumbre a considerar su acompañante usual de un modo más enérgico. Es la impresión o la determinación la que me proporciona la idea de la necesidad.

La impresión de esta habitualidad, de esta costumbre es la que me proporciona la idea de necesidad. Es la generación de una manera de la mente de vincular una idea con otra (la habitualidad en Husserl). No es que no deriva nada nuevo: cuando muchos casos que con contiguos y sucesivos se repiten no hay nada nuevo en el objeto causa ni en el objeto efecto, pero sí en mi mente, que es la costumbre o la habitualidad de ir siempre de la causa al efecto y viceversa. Hay un aprendizaje de la mente de vincular esas ideas. Esto sólo lo puedo obtener de una mente no estática, sino que incorpora la temporalidad, la experiencia y la sedimenta. Lo necesario es la conexión, no cada una de las ideas. Legitimo una idea deconstruyéndola y mostrando cuáles son las ideas simples en las que se encuentra su origen. Esto influye en el neopositivismo, cuando propone un criterio de demarcación entre lo que es ciencia y lo que no (Carnap), criterio a la vez epistémico y lingüístico dado por los enunciados protocolares.

«(...) acabo de examinar una de las cuestiones más altas de la filosofía, a saber: la concerniente al poder y eficacia de las causas, en la que todas las ciencias parecen estar interesadas.». Hume va a explicarlo un poco más porque aunque todo esto se deriva de los principios ya presentados (emitema), si no se vuelve a mostrar se olvida con facilidad.

Las definiciones previas dadas por la filosofía son erradas:

  • «(...) los términos de eficacia, influencia, poder, fuerza, necesidad, conexión y cualidad productiva son casi sinónimos y, por consiguiente, es un absurdo emplear alguno de ellos para definir los restantes.» (impronta metodológica en la filosofía analítica: la importancia de la definición y la elucidación de conceptos). Hume desdeña las elucidaciones del concepto de poder en términos de sustancia, accidente, forma, etc.: uno de sus imperativos es la simplicidad dentro de las explicaciones filosóficas.
  • La razón jamás puede por sí sola dar lugar a la idea de eficacia (ni a ninguna idea), como cree Locke, y por tanto la idea debe derivarse de la experiencia. Tenemos que encontrar entonces una impresión correspondiente, porque el principio de las ideas innatas ya ha sido refutado. (Los cartesianos, al no encontrar la impresión afirman que la materia es inactiva y atribuyen todo el movimiento a la divinidad. ¡Pero tampoco tienen una impresión de esto último! Otros afirman tener una idea de poder, pero eso no es cierto porque jamás hemos tenido una impresión de ello. Otros recurren a la propia voluntad y acción en busca de esta impresión, pero ese caso es tan claro como el de cualquier causa material; percibimos tan sólo en enlace constante: las impresiones internas no tienen una energía más aparente que los objetos externos, como tampoco podemos explicar porqué las impresiones son causas de nuestras ideas vivaces).
  • Pero no tenemos una impresión directa sino un hábito; «Si alguno piensa ser capaz de refutar esta afirmación no necesita someterse a la perturbación de algún largo razonamiento, sino que puede mostrarnos de una vez un caso de una causa en que descubramos el poder o principio actuante. Nos veremos obligados a hacer uso frecuentemente de este reto por ser casi el único medio de probar una negación en la filosofía. Como no hay impresión, tampoco hay idea particular y, por tanto, menos que menos idea general, que se funda sobre la anterior. Hablar de que una conexión necesaria entre objetos depende de un poder en ellos no tiene ningún sentido claro.

«Toda ampliación que surge de la multiplicidad de casos semejantes está copiada de algún efecto de la multiplicidad (...).» Sin embargo, la repetición de objetos análogos en relaciones análogas de sucesión y contigüidad no descubre nada nuevo en ninguno de ellos, ni en sus ideas, ya que no podemos realizar una inferencia partiendo de ellas y no hay conexión entre los hechos semejantes más que la unión que el espíritu hace al observarlos y reunir sus ideas; son independientes. De esta semejanza, no obstante, se derivan las ideas de necesidad, poder o influencia. «La necesidad, pues, es el efecto de esta observación y no es más que una impresión interna del espíritu o una determinación para llevar nuestros pensamientos de un objeto a otro.». Conexión necesaria y transición por unión habitual son lo mismo. La idea de necesidad se deriva de una impresión interna o de reflexión: la inclinación que la costumbre produce a pasar de un objeto a la idea de su acompañante usual. «En resumen, la necesidad (eficacia, energía, poder) es algo que existe en el espíritu, no en los objetos, y no es posible para nosotros formarnos la idea más remota de ella si la consideramos como una cualidad de los cuerpos. O no tenemos idea alguna de necesidad o la necesidad no es más que la determinación del pensamiento a pasar de las causas a los efectos y de los efectos a las causas, según su unión, que conocemos por experiencia.»

Posible critica: Las causas actúan independientemente del espíritu y continúan su actuación aunque no exista espíritu alguno que las contemple o razone acerca de ellas. Respuesta: es cierto que las actividades de la naturaleza son independientes de nuestro pensamiento, los objetos mantienen entre sí las relaciones de contigüidad, sucesión y enlace constante. Pero no hay que ir más lejos y atribuirles un poder o conexión necesaria a estos objetos que no podemos observar en ellos mismos.

Hay dos definiciones de causa y efecto, desde distintos puntos de vista:

  • Como una relación natural (una asociación entre ideas): causa es un objeto precedente a otro y tan unido a él que la idea del uno determina al espíritu a formarse la idea del otro y la impresión del uno a formarse una idea más vivaz del otro.
  • Como una relación filosófica (una comparación entre ideas): causa es un objeto precedente y contiguo a otro tal que todos los objetos semejantes al primero están en iguales relaciones de precedencia y contigüidad con objetos semejantes al segundo.

Corolarios desprejuiciadores para la filosofía: todas las causas son del mismo género; no hay más que un género de necesidad, no hay que dividir entre necesidad moral y física; no hay términos medios entre azar y necesidad, o el espíritu se encuentra determinado, o no; la distinción entre poder y su ejercicio es irreal; la idea de causa no implica que todo necesite una causa; no podemos tener razones para creer que existe un objeto del que no podemos formarnos una idea.todos son gramdes operacione mercantiles. es porello que Hume se pone algo estricto en poner el dualismo

Sección decimoquinta: Reglas para juzgar de las causas y efectos[editar]

  • La causa y el efecto deben ser contiguos en el espacio y el tiempo.
  • La causa debe ser anterior al efecto.
  • Debe existir una unión constante entre la causa y el efecto (cualidad capital).
  • La misma causa produce siempre el mismo efecto, y el mismo efecto no surge más que de la misma causa. (Principio derivado de la experiencia; fuente de la mayoría de nuestros razonamientos filosóficos, que no esperan al enlace constante para predicar causalidad).
  • Si diferentes principios producen el mismo efecto es en virtud de una cualidad común a todos ellos (deriva de 4).
  • La diferencia en los efectos de dos objetos semejantes reside en aquello en lo que estos difieren (deriva de 4).
  • Cuando un objeto aumenta o disminuye con el aumento o disminución de su causa debe ser considerado como un efecto compuesto, derivado de la unión de varios efectos diferentes que surgen de varias partes diferentes de la causa.
  • Un objeto que existe durante algún tiempo en su plena perfección sin un efecto no es la única causa de este efecto, sino que debe ser auxiliado por otro principio que puede promover su influencia y actuación.

«Ésta es toda la lógica que me parece apropiada para emplearla en mi razonamiento, y quizá aun no fuese necesaria y me hubieran bastado los principios naturales de nuestro entendimiento. (...) Todas las reglas de esa naturaleza son muy fáciles de encontrar, pero muy difíciles de aplicar, y aun la filosofía experimental, que parece la más natural y simple de todas, requiere el más grande esfuerzo del juicio humano.»