Producción doméstica y capital

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Producción doméstica y capital

Título Producción doméstica y capital
Autor Hugo Trinchero
Año 1995

Transiciones y fronteras agropecuarias en Norpatagonia[editar]

Las prácticas socioeconómicas de los indígenas del norte de la Patagonia sufrieron una sustancial modificación a partir de su derrota militar acaecida hacia fines del siglo pasado. Su incorporación al capitalismo respondió a un doble mecanismo de extensión y de profundización del sistema. El análisis se efectuara tomando en consideración la fuerte incidencia de los factores políticos en el proceso de transición a formas socioeconómicas capitalistas.

Los indígenas y los blancos se relacionaron mediante intercambios pacificas a la vez que mediante la violencia militar.

Las modalidades de ocupación de la población indígena estaban definidas por un doble ciclo productivo: la explotación intensiva de la ganadería para el intercambio. y el ciclo agrícola para el consumo domestico. Complementaban su subsistencia con la caza; y todo el excedente de las actividades era destinado a la comercialización. Es a partir del desarrollo de la producción ganadera cuando los intercambios se plantean en una escala distinta.

Tras la campaña del desierto, las tierras conquistadas sumaban 60 millones de hectáreas. Las operaciones militares fueron financiadas por la clase terrateniente interesada en ampliar sus posibilidades económicas, mediante el reparto de tierras en propiedad una vez financiada la campaña. Por lo tanto, la incorporación de los territorios indígenas produjo la privatización de inmensas extensiones de tierra. La incorporación del país en el comercio internacional como exportador de carnes produjo la competencia e los terratenientes por este recurso no renovable.

La presencia del indígena en el norte de la Patagonia significaba un obstáculo para el desarrollo del capitalismo, pero sin embargo los procesos productivos que se implantaron en los territorios ocupados requerían la incorporación de trabajo indígena. Si bien en un primer momento los sobrevivientes eran un problema para el Estado, luego se convirtieron en FT que debía adecuarse a los cambios que proponía el modelo económico, en relación con el tipo de proceso de trabajo y con la utilización de nuevas tecnologías.

La conquista del desierto en Argentina y la pacificación de la Araucanía en Chile son procesos paralelos de afirmación de los nuevos Estados. Como consecuencia importante se produjo la movilidad de determinados grupos domésticos y linajes por ambos lados de la cordillera, lo cual fue usado para negar la nacionalidad de los grupos y facilitar su discriminación por lo tanto los despojos de sus tierras.

La consolidación del latifundio trae aparejado el alambrado de las propiedades: lo cual implica la delimitación de la propiedad privada en parcelas y profundas modificaciones en el proceso de trabajo, dado que por un lado limita el desplazamiento de los animales, a la vez que facilita el surgimiento de la hacienda.

La asociación de ciertas modalidades productivas con determinada identificación étnica resulta muy sugerente y evidencia el claro contraste entre un modelo económico y otro. Coexistieron junto a los latifundios los pequeños productores.

Fue muy común el corrimiento de las alambradas, mediante las cuales se continuaba expropiando tierras a los mapuches. La imposibilidad de realizar reclamos legales debido a su situación de ocupantes fiscales hizo que numerosos grupos domésticos se reubicaran en predios todavía más inhóspitos y de menores posibilidades productivas. El proceso de despojo se dio apoyado por el poder político que respaldo con el empleo de las estructuras militares y jurídicas esta nueva usurpación.

Se hace hincapié en la coacción política (ausente en el modelo desarrollado por Marx, debiendo ser reformulado para aplicarse en casos como este), como medios eficientes para favorecer el proceso de acumulación de capital.

La privatización del suelo y el pasaje a la órbita del valor de cambio de ciertos bienes y servicios causo gran impacto en las unidades domesticas, que debieron reorientar sus esquemas productivos y sus pautas de consumo a la nueva situación. A partir del afianzamiento de las relaciones capitalistas se da un vuelco casi exclusivo a la práctica ganadera debido a la demanda de pelo, lana y animales en pie. A partir de la monetarización de la economía se produce la especialización en la cría de ganado, y ello hace que las unidades domesticas se vuelvan dependientes en lo que respecta al abastecimiento para la propia subsistencia, debido a que han dejado de lado la actividad hortícola. A la violencia militar le siguió la violencia de mercado, que en pocos años incorporo al sistema económico a estos grupos domésticos no solo como productores de mercancías sino también como consumidores.

La condición de indígenas hizo que las familias mapuche se vincularan a la tierra en términos de no propiedad (propiedad en tanto relación social que plantea un criterio de exclusión). Las campañas militares aseguraros su exclusión total en pos de la propiedad privada. Recién a partir de la década del 30 se les reconoce la condición de ocupantes y comienzan a otorgarse permisos de usufructo. En las décadas del 60 y 70 las provincias de Neuquén y Rio Negro sancionaron leyes tendientes a regularizar la ocupación territorial de las agrupaciones mapuche, aunque solo en casos excepcionales se les otorgaron títulos de propiedad.

El objetivo del régimen de reservas consistía en preservar a los territorios ocupados por los grupos aborígenes, otorgándoles beneficio de usufructo vitalicio de las tierras pero imponiendo una serie de restricciones y condicionamientos (no pueden practicar la mediería, vender, comprar, etc.). Además, son las zonas más inhóspitas y de difícil acceso. Por ello las poblaciones mapuche constituyen segmentos económicos del mercado que permiten la obtención de ganancias extraordinarias a determinados agentes económicos vinculados en la compra de su producción y el abastecimiento de artículos de consumo e insumos básicos. El ámbito de consumo fue impactado por la necesidad de abastecerse a través del mercado de productos que antes producían por sí mismos, sumado a la creciente monetarización y a la creación constante de nuevas necesidades a través del intercambio simbólico.

La integración de los grupos mapuches en la nueva formación social se produjo por distintos mecanismos. En un primer momento, las unidades de producción comenzaron la producción y el consumo de mercancías, lo que las fue volviendo más dependientes del intercambio de mercado. La producción agrícola se circunscribe a la esfera de consumo, para luego disminuir aun más. Los intermediarios proveen a los mapuches de elementos de consumo. La inserción de los grupos domésticos mapuche no se limita a ser productores y consumidores de mercancías, sino que también abastecen de FT requerida por distintos circuitos económicos. Son estructuralmente expulsoras de mano de obra dado que la familia crece pero la tierra no. La combinación producción domestica con la forma salario con sus complejidades y contradicciones constituyo una característica de la inserción de la población mapuche en el ámbito rural, que aun continúa.

La acumulación originaria que constituyo la expropiación de los medios de producción de los mapuche continuo a través de otras formas de extracción de excedentes. Para ello fue necesario contar con mecanismos que permitieran coaccionar extraeconómicamente a la población mapuche, tales como el asentamiento de unidades militares.