Líneas principales del pensamiento de Platón

De Wikiversidad
Saltar a: navegación, buscar

ESTA RESEÑA SE ENCUENTRA CARENTE DE TODO TIPO DE RIGOR[editar]

Breve reseña biográfica e histórica[editar]

Platón vivió entre el año 428 a.C. y el 347 a.C.; pertenecía a una familia noble de Atenas. Durante su juventud pensó en dedicarse a la política, pero una serie de acontecimientos (el más importante de los cuales es la condena a muerte de su maestro Sócrates, a quien él consideraba el hombre más justo y sabio de su tiempo) lo llevaron a apartarse de la vida política ateniense para dedicarse a la filosofía. Aludiendo a esto dice en su Carta VII: «... me vi obligado a reconocer, en alabanza de la verdadera filosofía, que de ella depende el obtener una visión perfecta y total de lo que es justo, tanto en el terreno político como en el privado, y que no cesará en sus males el género humano hasta que los que son recta y verdaderamente filósofos ocupen los cargos públicos». Quizá como un modo de intentar que esto último suceda fundó en Atenas, en el año 387 a.C., la Academia, la primera escuela de filosofía organizada como una universidad. La obra de Platón está compuesta fundamentalmente por diálogos, en la mayor parte de los cuales aparece Sócrates como personaje principal y portavoz de las doctrinas platónicas. Se los suele clasificar en tres grupos:

  1. Diálogos de juventud, que supuestamente expresan los temas y el estilo de la enseñanza real de Sócrates; aunque los criterios de los eruditos varían, se suele incluir aquí, entre otros: Apología de Sócrates, Critón, Eutrifrón, Laques y Protágoras.
  2. Diálogos de madurez, en los que aparecen los grandes temas doctrinales del platonismo (la teoría de las Ideas, la inmortalidad del alma, la organización del estado ideal, etc.); a este grupo pertenecen, entre otros: Gorgias, Menón, Banquete, Fedón, Fedro, República.
  3. Diálogos de vejez, que revisan críticamente la teoría de las Ideas y la utopía política: Teeteto, Parménides, Sofista, Político, Filebo, Timeo, Critias y Leyes.

La pregunta por el "qué es": del concepto a la esencia[editar]

Sócrates que ha sido acusado de impiedad, ha preguntado al sacerdote Eutifrón qué es la piedad y éste ha respondido mediante un ejemplo tomado de su propia conducta, lo que motiva la siguiente observación:

« Sócrates— [...] Ahora intenta decirme muy claramente lo que te pregunté antes. En efecto, no te has explicado suficientemente al preguntarte qué es en realidad lo pío, sino que me dijiste que es precisamente, pío lo que tú haces ahora [...]

Eutifrón— He dicho la verdad, Sócrates.

Sócrates— Tal vez, sí; pero hay, además, muchas otras cosas que tú afirmas que son pías.

Eutifrón— Ciertamente, lo son.

Sócrates— ¿Te acuerdas de que yo no te incitaba a exponerme uno o dos de los muchos actos píos, sino el carácter (eidos) propio por el que todas las cosas pías son pías? [...] Expónme, pues, cuál es realmente ese carácter, a fin de que, dirigiendo la vista a él y sirviéndome de él como medida (paradigma), pueda yo decir que es pío un acto de esta clase que realices tú u otra persona, y si no es de esta clase, diga que no es pío.

 »

Platón, Eutifrón, 6d-e

La pregunta socrática "qué es…" plantea la relación entre lo particular y lo general, expresada por el concepto. No se responde indicando un caso particular, sino el carácter general que hace que ese caso sea precisamente un ejemplo de piedad (o de justicia, o de igualdad, o de belleza, o de lo que fuere). Ese carácter es el que hace que ese caso o esa cosa particular sea el tipo de cosa que es (pía, justa, igual, bella, etc.), por eso eidos (imagen, forma o ideas) adquiere el significado terminológico de esencia (aquello sin lo cual una cosa no sería lo que es). El eidos es concebido por Platón como un modelo (paradigma) inteligible trascendente a la cosa a la que le da ser, es decir, como idea (término que no tiene en Platón el significado de "representación mental" que adquirirá siglos más tarde).

La teoría de las Ideas[editar]

El mito del Demiurgo[editar]

Con este mito Platón explica la relación existente entre el mundo de las ideas y el mundo de las cosas. Expone que un Demiurgo, o supremo artesano (Imagen de Dios personal) toma el mundo de las ideas para realizar y crear el mundo de las cosas. Por lo tanto, el mundo sensible o de las cosas es una copia, una copia imperfecta, del mundo de las ideas.

El mundo de las Ideas y el mundo de las cosas[editar]

Y es que Platón trata de conciliar las teorías anteriores. A saber, que la realidad es eterna e inamovible (permanente), y que la realidad es constante cambio (Perpetuo fluir de las cosas). Según Platón, existen en realidad dos mundos: el mundo de las ideas, que es perfecto y perenne; y el mundo de las cosas, que es fugaz e imperfecto. Además establece una jerarquía de ideas, donde la idea mas importante es la de la belleza (para Platón, belleza significa virtud, el sumo bien) Luego, las cosas son una copia o imitación de las ideas.

Ideas y cosas sensibles[editar]

El siguiente texto establece la relación jerárquica entre ideas y cosas sensibles:

« Sócrates— La realidad (ousía) misma, de cuyo ser damos razón tanto al interrogar como al responder ¿se comporta siempre idénticamente y del mismo modo, o de manera cambiante? Lo Igual-en-sí, lo Bello-en-sí, lo que cada cosa es, o sea lo real (to ón) ¿aceptan alguna vez un cambio cualquiera? ¿O siempre cada una de estas realidades, al ser en sí mismas únicas en su aspecto, se comportan del mismo modo e idénticamente, y jamás admiten por ningún motivo alteración alguna?

Cebes— Es forzoso, Sócrates, que se comporten del mismo modo e idénticamente.

Sócrates— ¿Y qué pasa con la multitud de cosas bellas, tales como hombres, caballos, vestidos u otras cosas bellas cualesquiera, o con las cosas iguales, o con todas las cosas que tienen el mismo nombre de aquellas cosas-en-sí? ¿Se comportan acaso idénticamente o, muy al contrario de aquellas cosas-en-sí, prácticamente nunca se comportan idénticamente ni en sí mismas ni en sus relaciones recíprocas?

Cebes— Así es, jamás se comportan del mismo modo.

Sócrates— Pues bien, a estas muchas cosas bellas, iguales, etc., las puedes tocar, ver o percibir por los otros sentidos, mientras que las que se comportan idénticamente no podrás aprehenderlas por ningún otro medio que por el uso racional de la mente, dado que éstas son invisibles y no perceptibles a la vista.

Cebes— Dices la verdad.

Sócrates— ¿Quieres entonces que admitamos dos clases de cosas; unas perceptibles a la vista, las otras invisibles?

Cebes— Admitámoslas.

Sócrates— ¿Y que las invisibles siempre se comportan idénticamente, en tanto que las perceptibles a la vista jamás se comportan idénticamente?

Cebes— Admitamos también eso.

 »

Platón, Fedón, 78d-79a

El conocimiento: acceso a las ideas[editar]

Alegoría del sol[editar]

Las conocidas alegorías del Sol, de la Línea y de la Caverna, que presentan de modo didáctico, a través de comparaciones, los temas centrales de la filosofía platónica, son expuestas en los libros VI-VII de la República. Este es un extenso diálogo de madurez centrado en la cuestión de la justicia y de la organización del Estado, en el que Platón sostiene que el único modo de que reine la justicia en la polis es que sea gobernada por quienes tienen el conocimiento de lo Justo-en-sí, es decir, por los filósofos. Se plantea entonces, por medio de qué estudios tendrán que formarse los filósofos, y es en este contexto que se presentan, una detrás de la otra y sin solución de continuidad, las tres alegorías. La alegoría del Sol expone la doctrina platónica de la Idea del Bien como fundamento absoluto, que sirve como trasfondo metafísico a las otras dos alegorías. La de la línea distingue grados en el saber de lo sensible y en el de lo inteligible, estableciendo una jerarquía epistemológica. La de la caverna, finalmente, recapitula el contenido de las anteriores proponiendo la pedagogía que debe seguir el alma para ascender en esa jerarquía epistemológica y explicando la finalidad política de ese ascenso.


El mito de la caverna[editar]

Para explicar su teoría del conocimiento, Platón recurre al mito de la caverna. Es una metáfora continuada donde unos hombres viven como prisioneros en la oscuridad (mundo de las cosas). Gracias al proceso de conocimiento un hombre logra salir al exterior (mundo de las ideas). El hombre que sale al exterior descubre el mundo de las ideas. Este hombre libre es el filósofo. Es el filósofo, que conoce el mundo de las ideas, el que debe enseñar y educar a los hombres esclavos que viven en el mundo de las cosas.

El proceso de conocimiento[editar]

Para Platón, la verdad supone el acercamiento al mundo ideal. Existen a su vez diferentes niveles de conocimiento relacionados con diferentes niveles de realidad: -La opinión, es el conocimiento del mundo sensible (mundo de las cosas). Esta engloba a imágenes, animales y cosas. Se basa en la experiencia y no constituye el auténtico conocimiento, sólo son creencias. -La ciencia, es el conocimiento del mundo suprasensible (mundo de las ideas). La ciencia engloba a los objetos matemáticos y a las ideas humanas. Son conocimientos universales y se adquieren mediante la razón. Razón que es innata al ser humano. Y es que Platón afirma que las ideas forman parte del alma humana, todos los humanos las tienen. Todos los humanos tienen las ideas de las que provienen, lo que ocurre es que no las recuerdan, no las conocen.

Antropología platónica[editar]

El mito del carro alado[editar]

Este mito sirve para explicar la concepción que Platón tenía del hombre. En él compara el alma a un carro alado. El auriga, que dirige el carro, simboliza la parte racional. El carro está tirado por dos caballos, uno blanco y uno negro. El caballo blanco son las tendencias positivas, son las pasiones o parte irascible del hombre. El caballo negro simboliza las tendencias negativas, como son los deseos bajos o el instinto de conservación. Esta es la parte concupiscible. El alma (carro) vive en el mundo de las ideas, el auriga controla a los caballos y logra que se eleve. Si el auriga falla, el carro perdera el equilibrio y caera al mundo de las cosas. El alma toma cuerpo terrestre entonces, pero ansía volver al mundo de las ideas. Sólo lo lograra si logra el amor, amor que para Platón es el deseo de aquello que no tenemos pero que hemos tenido.

Alma tripartita y virtudes éticas[editar]

Como ya hemos visto anteriormente, Platón divide el alma en tres parte: la parte racional, la parte irascible y la parte concupiscible. Además, afirma que hay tres virtudes que se corresponden con estas partes. La sabiduría es la virtud de la parte racional. La fortaleza es la virtud de la parte irascible. La templanza es la virtud de la parte concupiscible. Si cada parte del alma hace la excelencia y cumple con su virtud, entonces lograremos que el alma esté en armonia, lograremos lo que Platón llama justicia.

El dualismo alma-cuerpo[editar]

Platón ve el alma como la parte fundamental de la persona. Está presa del cuerpo. Y es que el alma proviene del mundo de las ideas (ver mito del carro alado) y es lo que define al ser humano y le permite realizar lo más elevado. El cuerpo es físico y mortal, propio del mundo de las cosas. Es finito, temporal e imperfecto. Por tanto, para Platón el alma y su cultivo es el objetivo de la acción humana.


El Estado utópico o ideal[editar]

La sociedad de clases: aristocracia[editar]

Platón diseña un modelo de Estado que, de seguirse, logra el bien y la justicia de la sociedad y la felicidad de sus miembros. La sociedad es necesaria porque es la responsable de la superviviencia y de la felicidad de los ciudadanos, ciudadanos que no son autosuficientes. Así, Platón estructura la sociedad en tres clases sociales. Los trabajadores, que consiguen y elaboran recursos para su polis. Se relacionan con la parte concupiscible del alma, por lo que su máxima virtud es la templanza. Luego están los militares, que defienden la polis de cualquier amenaza. Su virtud es la fortaleza, pues Platón los relaciona con la parte irascible del alma. Por último tenemos a los gobernantes, que administran el poder político y toman las decisiones en la polis. Su virtud es la sabiduría y es que según Platón, el poder político debe ser propiedad de los filósofos porque son los más preparados y son los que han accedido al conocimiento más elevado (ver mito de la caverna), de modo que no pueden obrar mal. La clase política se relaciona pues con la parte racional del alma. Esta estructura tripartita del Estado es igual que la del alma, así que si las tres partes o clases sociales funcionan de forma perfecta se logrará la virtud máxima: la justicia de la sociedad. Para Platón una sociedad debe ser justa por encima de todas las cosas. platon trata de todo los ciudadanos participen

Educación y selección de los mejores[editar]

Según Platón, la educación es uno de los elementos básicos para fomentar una sociedad mejor pues, como hemos dicho, el acceso al conocimiento conduce al bien absoluto. Nadie es malo, sino que es ignorante. Así, la maldad de la sociedad se puede extirpar mediante la educación y formación de sus miembros en la filosofía. Para que alguien pueda llegar a ser gobernante habrá de realizarse una selección. Y este proceso de selección, que es el motor mismo del Estado platónico, es la educación.

Jerarquía de regímenes políticos[editar]

Como hemos visto, Platón plantea un Estado utópico. Un Estado que es aristocrático y donde deben gobernar los mejores. Todos los demás modelos de Estado, según Platón, son degeneraciones de este Estado aristocrático. Así tenemos a la Timocracia, degeneración de la aristocracia. La clase militar toma el poder y mira por su propia felicidad. Luego tenemos la Oligarquía, degeneración de la Timocracia. En la Oligarquía los poderosos gobiernan y sólo buscan su propio enriquecimiento y felicidad. De la oligarquía degenera la Democracía. En la democracia es el pueblo el que se alza con el poder. Todo el mundo es libre de hacer y decir lo que se quiere. La dirección del Estado no se reserva a los mejores, sino a los que el pueblo escoge. Por último, y como degeneración máxima del Estado, está la Tirania, que degenera de la democracia. En la tirania un líder carismático toma el poder y lo emplea para lo que quiere.