Investigación sobre los principios de la moral

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Investigación sobre los principios de la moral

Título Investigación sobre los principios de la moral
Autor David Hume
Año 1751

Es difícil ser más claro que Hume. Por eso este resumen consiste enteramente de citas directas.

Primera sección: De los principios generales de la moral[editar]

30: «La finalidad de todas las especulaciones morales es enseñarnos nuestro deber y, mediante ademadas representaciones de la fealdad del vicio y de la belleza de la virtud, producir los hábitos correspondientes e inducirnos a evitar los unos y a abrazar los otros. Pero ¿cómo vamos a esperar esto de las inferencias y conclusiones del entendimiento que por sí solas no tienen influencia sobre las afecciones ni pueden mover las fuerzas activas de los hombres? Ellas descubren las verdades, pero si las verdades que descubren son indiferentes y no producen deseo ni aversión no pueden tener influencia sobre la conducta y el comportamiento.»

«me siento inclinado a sospechar (...) que la razón y el sentimiento se hallan presentes en casi todas nuestras determinaciones y conclusiones morales.»

31: «Hay buenas razones para concluir que la belleza moral (...) solicita la ayuda de nuestras facultades intelectuales a fin de darle una influencia adecuada sobre el espíritu humano.»

32: «Como ésta es una cuestión de hecho y no de ciencia abstracta, sólo podemos esperar éxito siguiendo el método experimental y deduciendo principios generales de la comparación de casos particulares.

33: «Los hombres ahora se han curado de su pasión por las hipótesis y sistemas de la filosofía natural y no quieren escuchar otros argumentos que aquellos que derivan de la experiencia. Ya es hora de intentar una reforma similar en todas las disquisiciones morales y rechazar todo sistema de ética, por más sutil e ingenioso que sea, que no se funde en los hechos y en la observación.»

Segunda sección: De la benevolencia[editar]

Primera Parte[editar]

37: «no hay cualidades que merezcan más la aprobación y buena voluntad general de los hombres que la beneficencia y el carácter humanitario, la amistad y la gratitud, el afecto natural y el patriotismo o cualquiera cosa que procede de una dulce simpatía por los demás y de una generosa preocupación por nuestro género y especie. Cada vez que estas cualidades se presentan, parecen transfundirse, en cierto modo, a cada espectador y hacer surgir en propio beneficio de ellos, los mismos sentimientos favorables y afectuosos que ejercen por todo lo circundante.»

Segunda Parte[editar]

37: «al manifestar las alabanzas de un hombre humanitario y benéfico hay una circunstancia que nunca deja de aparecer con gran insistencia, y que es la felicidad y satisfacción que llega a la sociedad debido a los actos y buenos oficios de la persona alabada.»

38: «¿no se puede por tanto concluir que la utilidad que resulta de las virtudes sociales constituye, por lo menos, una parte de su mérito, y es fuente de la aprobación y respeto que tan universalmente se le conceden?»

39: «Y, en general ¡qué alabanzas están implícitas en el simple epíteto de útil, y qué reproches en lo contrario!»

39: «En todas las determinaciones de la moralidad esta circunstancia de la utilidad pública se tiene siempre principalmente en cuenta, y cada vez que surgen disputas, sea en la filosofía, sea en la vida diaria, acerca de los límites del deber, la cuestión no puede ser resuelta por ningún medio con mayor certeza que determinando, en cualquiera de las partes, los verdaderos intereses de la humanidad. Si descubrimos que prevalece una opinión falsa, abrazada debido a las apariencias, tan pronto como la experiencia ulterior y un razonamiento más sano nos han dado nociones más justas de los asuntos humanos, retractamos nuestra opinión primitiva y corregimos de nuevo los límites del bien y del mal.»

41: «En general, pues, parece que nada concede más mérito a una criatura humana que el elevado sentimiento de benevolencia, y que una parte, por lo menos, de su mérito, surge de su tendencia a estimular los intereses de nuestra especie y a otorgar felicidad a la sociedad humana. Dirigimos nuestras miradas a las saludables consecuencias de semejante carácter y disposición y todo lo que tiene una influencia de este modo benigna y promueve a un fin tan deseable es contemplado con placer y satisfacción. Las virtudes sociales nunca son consideradas sin pensar en sus tendencias benéficas ni son tenidas por estériles e infructuosas.»

Tercera sección: De la justicia[editar]

Primera Parte[editar]

46: «sólo la experiencia de los inconvenientes debidos al egoísmo escondido o renaciente pudo lograr que los imprudentes fanáticos adoptaran de nuevo las ideas de justicia y de propiedad privada. Tan cierto es que la virtud obtiene su existencia sólo debido a que su uso es necesario para las relaciones sociales de la humanidad.»

48-9: «Trastoquemos, en cualquier situación considerable, la condición del hombre; produzcamos una abundancia extrema o una extrema necesidad; inculquemos en el corazón humano una perfecta moderación y carácter humanitario o una perfecta rapacidad y malicia: de este modo, al hacer a la justicia completamente inútil destruimos por completo su esencia y suspendemos su obligación en la humanidad.

La situación de la sociedad es, por lo común, un término medio entre estos extremos. Somos naturalmente parciales a nosotros mismos y a nuestros amigos, pero somos capaces de llegar a conocer la ventaja que resulta de una conducta más equitativa. Pocos goces nos son dados por la generosa y liberal mano de la naturaleza, pero mediante el arte, el trabajo y las labores podemos obtenerlos en gran número. De aquí las ideas de propiedad se hacen necesarias en toda sociedad civil; de aquí la justicia deriva cu utilidad para el público y de aquí tan sólo surge su mérito y su obligación moral.»

49: «La ficción poética de esta edad de oro es, en algunos aspectos, idéntica a la ficción filosófica del estado de naturaleza. Sólo que el primero está representado como la condición más encantadora y apacible que pueda imaginarse, mientras el segundo es pintado como un estado de guerras y violencias mutuas acompañado por la más extrema necesidad.»

50 (n): «Esta ficción de un estado de naturaleza como estado de guerra no fué sugerida por primera vez por Mr. Hobbes, como generalmente se imagina. Platón se esfuerza por refutar una hipótesis muy semejante en el segundo, tercero y cuarto libros de la República. Cicerón, por el contrario, lo supone cierto y universalmente reconocido...»

Segunda parte[editar]

53: «Si examinamos las leyes particulares por las cuales es dirigida la justicia y determinada la propiedad llegaremos a la misma conclusión. El único objeto de todas estas leyes y reglamentaciones es el bien de la humanidad. No sólo es necesario que las propiedades de los hombres estén separadas, para la paz y por el interés de la sociedad, sino que las reglas que nosotros seguimos al hacer la separación son las mejores que pueden buscarse para servir mejor a los intereses de la sociedad.»

55: «los historiadores, y aun el sentido común, nos pueden informar que, por más especiosas que puedan parecer estas ideas de perfecta igualdad, ellas son, en el fondo, realmente impracticables y, si no lo fueran, serían en extremo perniciosas a la sociedad humana.»

58 (n): «nuestra obligación misma de obedecer al magistrado y a sus leyes no se funda en nada más que en los intereses de la sociedad.»

62-3: «Estas reflexiones están lejos de debilitar las obligaciones de la justicia o de disminuir nuestro muy sagrado respeto por la propiedad. Por el contrario, tales sentimientos deben adquirir nueva fuerza por el presente razonamiento. Porque ¿qué fundamento más poderoso puede desearse o concebirse para cualquier deber, que observar que la sociedad humana, o aun la naturaleza humana, no podría subsistir si no estuviera establecido, y que llegará a mayores grados de felicidad y de perfección mientras más inviolable es la consideración que se le presta a ese deber?

El dilema parece claro: así como la justicia tiende evidentemente a promover la utilidad pública y a sostener la sociedad civil, el sentimiento de justicia se deriva, o bien de nuestra reflexión sobre esa tendencia o (...) surge de un instinto simple y original que se aloja en el corazón humano y que no está determinado por ningún argumento o reflexión. Pero ¿quién ha oído jamás hablar de ese instinto? ¿O es éste, por ventura, un tema en el cual se pueden hacer nuevos descubrimientos?»

64: «¿Acaso la naturaleza, cuyos instintos en el hombre son completamente simples, abarca objetos tan complicados y artificiales y crea una criatura racional sin confiar algo a la operación de su razón?»

65-6: «La necesidad de la justicia para apoyar a la sociedad es el único fundamento de su virtud, y puesto que ninguna excelencia moral es tan estimada como ella, podemos concluir que esta circunstancia de la utilidad tiene, en general, la más fuerte energía y el más completo dominio de nuestros sentimientos. Por tanto, debe ser la fuente de una porción considerable del mérito asignado al carácter humanitario, a la benevolencia, amistad, patriotismo y tras virtudes sociales de esta naturaleza, así como es la única fuente de la aprobación concedida a la fidelidad, a la justicia, a la veracidad, a la integridad y a otras análogas cualidades y principios útiles y estimables.»

Cuarta sección: De la sociedad política[editar]

67: «Si cada hombre tuviera suficiente sagacidad para percibir siempre el gran interés que lo ata a la observación de la justicia y de la equidad, y tiene además, la fuerza de espíritu suficiente para perseverar en una firme adhesión al distante y general interés, oponiéndose a la seducción de los placeres y conveniencias presentes, en este caso nunca hubiera existido el gobierno o la sociedad política, sino que cada hombre, siguiendo su natural libertad, hubiera vivido en completa paz y armonía con todos los demás.»

67: «Es evidente que, si el gobierno fuera totalmente inútil, jamás habría existido y que el único fundamento del deber de obediencia es la ventaja que procura a la sociedad, al mantener la paz y el orden de la humanidad.»

68: «La naturaleza humana no puede subsistir de ningún modo sin la asociación de los individuos, y esta asociación no podría efectuarse jamás si no se respetasen las leyes de la equidad y de la justicia. El desorden, la confusión y la guerra de todos contra todos son las consecuencias necesarias de una conducta tan licenciosa.»

68: «la obligación moral está en relación a la utilidad.»

73: «El interés y la utilidad comunes infaliblemente dan origen a una norma del mal y del bien entre las partes interesadas.»

Quinta sección: Por que la utilidad agrada[editar]

Primera parte[editar]

76 (n): «No debemos imaginarnos que porque un objeto inanimado puede ser tan útil como un hombre, también ha de merecer, por tanto, de acuerdo a este sistema, la denominación de virtuoso. En ambos casos, los sentimientos excitados por la utilidad son muy diferentes: uno está mezclado de afecto, estimación, aprobación, etc., pero no el otro. (...) Hay un numeroso conjunto de pasiones y de sentimientos cuyos únicos objetos son los seres racionales pensantes, debido a la constitución original de su naturaleza, y aunque las mismas cualidades sean transferidas a un ser insensible e inanimado ellos no han de excitar los mismos sentimientos.»

77-8: «se debe admitir que las virtudes sociales tienen una belleza y dignidad (amiableness) naturales que, originalmente anteriores a toda educación o preceptiva, los recomienda a la estimación de la indocta humanidad y atrae sus afecciones. Y como el carácter principal de estas virtudes es la utilidad pública, de la cual ellas derivan su mérito, se sigue que el fin hacia el cual tienden debe ser de algún modo agradable a nosotros y debe apoderarse de algún afecto natural. Tiene que agradar, bien debido a consideraciones egoístas, bien por motivos más generosos.»

79: «la voz de la naturaleza y de la experiencia parecen oponerse evidentemente a esta egoísta teoría.»

79: «Una acción generosa, noble y valiente, realizada por un adversario se impone a nuestra aprobación, mientras que podemos reconocer que sus consecuencias son perjudiciales para nuestros intereses particulares.»

81: «La utilidad es agradable y atrae nuestra aprobación. Este es un hecho confirmado por la aprobación diaria. Pero ¿útil? ¿Para qué? Para el interés de alguien, seguramente. Entonces, ¿para el interés de quién? No sólo para el nuestro, porque nuestra aprobación frecuentemente se extiende más allá. Por tanto debe ser para el interés de aquellos a quienes es útil la persona o la acción aprobada, y podemos concluir que éstos, por más lejanos que sean, jamás nos son completamente indiferentes.»

Segunda parte[editar]

82: «debemos renunciar a la teoría que explica todo principio moral por el amor a sí mismo. Debemos adoptar un afecto más público y reconocer que los intereses de la sociedad no nos son, ni siquiera por sí mismos, enteramente indiferentes.»

83 (n): «No es necesario extender nuestras investigaciones hasta el punto de preguntar por qué tenemos carácter humanitario o sentimiento de semejaza para con los demás. Es suficiente con que se experimente como constituyendo un principio de la naturaleza humana. (...) Ningún hombre es absolutamente indiferente de la felicidad y de la miseria de los demás. Lo primero tiende a darle placer; lo segundo, dolor.»

84-5: «En general es cierto que, a cualquiera parte que vayamos, sobre cualquier cosa que reflexionemos o conversemos, todo se nos presenta también bajo el aspecto de la felicidad o de la miseria humanas y excita en nuestro corazón un movimiento simpático de placer o desasosiego.»

90: «si los principios del carácter humanitario pueden en muchos casos influir sobre nuestras acciones, deben tener, en todo tiempo, alguna autoridad sobre nuestros sentimientos y darnos una aprobación general por lo que es útil a la sociedad, y censurar lo que es peligroso o pernicioso.»

91: «Toda la humanidad se parece tanto al principio del bien que, cuando intereses o afanes de venganza no falsean nuestra disposición, siempre estamos inclinados, por natural filantropía, a dar la preferencia a la felicidad de la sociedad y, en consecuencia, a la virtud, frente a su opuesto. Quizás jamás existe una absoluta, desinteresada y no provocada maldad en el corazón humano; o, si existiese, debería falsear todos los sentimientos de la moral así como los sentimientos humanitarios.»

91: «Nos preocupamos más apasionadamente por un estadista o un patriota que sirva a nuestro país en nuestra época que por uno cuya benéfica influencia actuó en lejanos países y edades remotas (...) En ambos casos podemos reconocer que el mérito es igualmente grande aunque nuestros sentimientos no se hallen a igual altura. El juicio corrige aquí las desigualdades de las emociones y percepciones internas y de igual modo nos preserva de error en las diferentes variaciones de las imágenes presentadas a nuestros sentidos exteriores.»

92 (n): «las tendencias de las acciones y de los caracteres, no de sus accidentales consecuencias reales, son las únicas que consideramos en nuestras determinaciones morales o juicios generales, aunque en nuestro real sentimiento (real feeling or sentiment) no podemos dejar de prestar mayor consideración a aquellos cuya situación y virtud los hace realmente útiles a la sociedad, que a uno que ejercita las virtudes sociales sólo en buenas intenciones y en afectos benévolos. Separando el carácter de la fortuna por un fácil y necesario esfuerzo del pensamiento, declaramos iguales a estas dos personas y les concedemos la misma alabanza general. El juicio corrige o se esfuerza en corregir la apariencia, pero no es completamente capaz de prevalecer sobre el sentimiento.»

93-4 (n): «un pequeño beneficio hecho a nosotros mismos o a nuestros amigos cercanos excita sentimientos más vivaces de amor y de aprobación que un gran beneficio hecho a una república distante. Pero aquí, como en todos los sentidos, sabemos siempre corregir estas desigualdades por la reflexión, y retener una norma general de vicio y de virtud, fundada principalmente sobre la utilidad general.»

Sexta sección: De las cualidades útiles a nosotros mismos[editar]

Primera parte[editar]

97: «Un justo medio, dicen los peripatéticos, es lo característico de la virtud. Pero este medio está principalmente determinado por la utilidad.»

98: «como estas ventajas son gozadas por las personas poseedoras de ese carácter, jamás podrá ser el amor propio lo que hace que sea agradable su contemplación, a nosotros, espectadores, y lo que estimula nuestra estima y aprobación»

99: «Por consiguiente, toda sospecha de consideraciones egoístas queda excluida de aquí. El principio que mueve nuestro corazón y que nos interesa en la felicidad de la persona que contemplamos es muy diferente.»

98: «Las ideas de felicidad, de gozo, de triunfo, de prosperidad están relacionadas con todas las circunstancias de su carácter y difunden en nuestros espíritus un agradable sentimiento de simpatía y de carácter humanitario.»

106: «Los particulares usos y costumbres alteran la utilidad de las cualidades, y también su mérito. Las situaciones y los accidentes particulares tienen, en cierto grado, la misma influencia. Se estimará siempre más a aquel que posea los dones y prendas que convienen a su situación y profesión, que a aquel a quien la fortuna a colocado en situación desventajosa. Las virtudes privadas o egoístas son, en este respecto, más arbitrarias que las públicas y sociales. En otros respectos están, quizá, menos expuestas a duda y controversia.»

Segunda parte[editar]

111: [Respecto de los ricos] «Somos afectados por los mismos sentimientos aún cuando estamos en una situación tan exterior a la esfera de su actividad, que ni puede suponerse que puedan servirnos.»

Séptima sección: De las cualidades inmediatamente agradables a nosotros mismos[editar]

116: «hay otro conjunto de cualidades mentales que, sin ninguna utilidad o tendencia a otro bien para la comunidad o para su poseedor, difunde satisfacción a los que lo tienen y procuran amistad y respeto. Su inmediata sensación es agradable a la persona que le posee. Los demás se ponen del mismo humor y captan el sentimiento por contagio o natural simpatía, y como no podemos evitar amar lo que nos agrada, surge una benévola emoción hacia la persona que comunica tanta satisfacción.»

123: «Una prueba segura de que el mérito de la benevolencia no deriva de su utilidad la podemos observar en el hecho de que, a modo de amable censura, decimos que una persona es demasiado buena cuando hace más de lo que le corresponde en la sociedad o lleva su atención por los demás allende los límites debidos.»

126: «Estos son algunos ejemplos de las diversas especies de mérito que se valúan por el placer inmediato que comunican a la persona que los posee. Ninguna intención de utilidad o de futuras consecuencias benéficas entran en este sentimiento de aprobación, pero es de especie similar al que surge de las intenciones de una utilidad pública o privada. La misma simpatía social o con sentimiento de la felicidad o miseria humanas, como podemos notar, da origen a ambas.»

Octava sección: De las cualidades inmediatamente agradables a los demás[editar]

127 (n): «La naturaleza y la definición de la virtud es, ciertamente, ésta: una cualidad del espíritu agradable a, o aprobada por, todos los que la consideran o la contemplan. Pero alguna cualidades producen placer porque son útiles a la sociedad o útiles o agradables a la persona misma; otras lo producen más inmediatamente, como ocurre en el caso que consideramos aquí.»

134: «Aprobamos al prójimo por el ingenio, la buena educación, la modestia, la decencia o cualquier cualidad agradable que posea, aunque no sea conocido de nosotros ni nos haya proporcionado ningún placer mediante sus perfecciones. La idea que nos formamos de su efecto sobre aquellos que lo conocen tiene una agradable influencia en nuestra imaginación y nos da el sentimiento de aprobación. Este principio entra en todos los juicios que nos formamos acerca de las costumbres (manners) y caracteres humanos.»

Novena sección: Conclusión[editar]

Primera parte[editar]

135: «el mérito personal consiste por completo en la posesión de cualidades mentales útiles o agradables a la persona misma o a los demás.»

135: «Todo lo que de algún modo pueda ser valioso, se clasifica naturalmente en la división de lo útil y agradable».

135: «Y (...) todo lo útil o agradable debe poseer estas cualidades con respecto a la persona misma o a los demás».

136: «Pero cualquiera sea el caso de la filosofía, en la vida diaria estos principios se mantienen siempre implícitamente».

137 «Y, así como en la vida diaria se admite que toda cualidad útil o agradable a nosotros mismos o a los demás es una parte de mérito personal, no se aceptará entonces ninguna otra, si los hombres juzgan a las cosas con su razón natural, libre de prejuicios, sin las engañosas apariencias de la superstición y d la falsa religión. El celibato, el ayuno, la penitencia, la mortificación, la abnegación, la humildad, el silencio y toda la serie de virtudes monásticas, ¿por qué razón son todas ellas rechazadas por los hombres de buen sentido sino porque no sirven para nada...?»

137: «Por tanto, podemos justamente pasarlos a la columna opuesta y colocarlos en la lista de los vicios».

138: «en nuestra estructura conviven rasgos propios de la paloma junto a otros propios del lobo y de la serpiente.»

138-9: «La avaricia, la ambición, la vanidad y todas las pasiones vulgar aunque impropiamente comprendidas bajo la denominación de amor a sí mismo, están aquí excluidas de nuestra teoría acerca del origen de la moral, no porque sean demasiado débiles sino porque no tienen un designio adecuado para esa finalidad. La noción de la moral implica algún sentimiento común a toda la humanidad, que recomienda el mismo objeto a la aprobación general y hace que cada hombre o la mayoría de ellos estén de acuerdo en la misma opinión o decisión acerca de él. También implica algún sentimiento tan universal y comprensivo que se extienda a toda la humanidad y haga que hasta las acciones y conducta de las personas más remotas sean objeto de aplauso o censura, según estén o no de acuerdo con la norma de conducta establecida. Estos dos requisitos pertenecen tan sólo al sentimiento de humanidad (humanity) sobre el cual insistimos aquí. Las otras pasiones producen en todos los corazones muchos poderosos sentimientos de deseo o aversión, de afecto o de odio, pero éstas no son sentidas tan en común ni son tan comprehensivas como para ser el fundamento de ningún sistema general y de una teoría establecida de censura y aprobación.»

140: «La ambición de un hombre no es la misma que la ambición de otro, ya que un mismo suceso u objeto no ha de satisfacer a ambos, pero el carácter humanitario de un hombre es el carácter humanitario de todos, y el mismo objeto toca esta pasión en todas las criaturas humanas.

Pero los sentimientos que surgen del carácter humanitario no son sólo los mismos en todas las criaturas humanas y producen la misma aprobación o censura, sino que también comprenden a todas las criaturas humanas, ya que no hay nadie cuya conducta o carácter no sea objeto de aprobación o censura por parte de todos. Por el contrario, aquellas otras pasiones llamadas comúnmente egoístas producen diferentes sentimientos en cada individuo, según su particular situación, y también contemplan a la mayor parte de la humanidad con la mayor frialdad e indiferencia.»

144: «reducimos el placer, que surge en vista de la utilidad, a los sentimientos de humanidad (humanity) y de simpatía».

145: «Me doy cuenta de que nada puede ser menos filosófico que afirmar absoluta o dogmáticamente en cualquier tema y que, aún en el caso de que se pudiera mantener un escepticismo excesivo éste no sería más destructivo para toda justa investigación y razonamiento.»

Segunda parte[editar]

146: «Ya hemos explicado la aprobación que acompaña al mérito o a la virtud; ahora no queda más que considerar brevemente nuestro interesado agradecimiento (obligation) hacia ella e investigar se todo hombre que se preocupa por su propia felicidad y bienestar no obtendrá mayor beneficio practicando todos los deberes morales.»

146-7: «¿qué verdades filosóficas pueden ser más ventajosas a la sociedad que aquellas que presentamos aquí, las cuales representan a la virtud en todos sus genuinos y más atrayentes encantos y hacen que nos acerquemos a ellas con tranquilidad, familiaridad y afecto?»

147: «La única dificultad que exige es la del justo cálculo y una firme preferencia por una felicidad mayor.»

147: «Y, en verdad, para desprendernos de toda expresión metafórica, ¿qué esperanza tenemos de atraer a la humanidad a una práctica que debemos confesar completamente austera y rigurosa? O ¿qué teoría de moral puede servir para una finalidad útil a menos que pueda mostrar, por medio de casos particulares, que todos los deberes que recomienda son también los verdaderos intereses de cada individuo? La ventaja peculiar del sistema precedente parece ser proporcional a los medios adecuados para ese fin.»

150-1: «en todas las naturalezas sinceras la antipatía por la traición por la traición y la felonía es demasiado poderosa para ser equilibrada por motivaciones debidas a beneficios o ventajas pecuniarias.»

Primer apéndice: Acerca del sentimiento moral[editar]

153: «Como se supone que uno de los principios fundamentales de la alabanza moral consiste en la utilidad de toda cualidad o acción, es evidente que la razón debe tomar parte considerable en todas las decisiones de esta clase, puesto que sólo esta cualidad puede indicarnos la tendencia de las cualidades y las acciones y señalar sus benéficas consecuencias para con la sociedad y su poseedor.»

154-5: «se necesita con frecuencia una razón o juicio muy precisos para tomar una resolución justa en medio de tan intrincadas dudas que surgen de utilidades oscuras u opuestas.

Pero aunque la razón, cuando es plenamente ayudada y mejorada, puede mostrarnos las tendencias perniciosas o útiles de las tendencias o acciones, no es suficiente por sí sola para dar origen a alguna censura o aprobación moral. La utilidad es sólo una tendencia hacia un cierto fin, y si el fin nos fuera totalmente indiferente sentiríamos la misma indiferencia por los medios. Es aquí necesario que se manifieste un sentimiento (sentiment) a fin de dar preferencia a las tendencias útiles frente a las perniciosas. Este sentimiento (sentiment) no puede ser otro que la búsqueda de (a feeling for) la felicidad de la humanidad y el repudio de su miseria, puesto que éstos son los diferentes fines que la virtud y el vicio tienden a promover. Por tanto, aquí la razón nos enseña las diferentes tendencias de las acciones y el carácter humanitario hace una distinción en favor de aquellos que son útiles y benéficos.»

157: «La hipótesis que hemos abrazado es clara. Sostiene que la moralidad está determinada por el sentimiento. Define la virtud como cualquier acción moral que da al espectador el agradable sentimiento de aprobación. Y el vicio es lo contrario. Procedemos entonces a examinar un hecho simple, que es cuáles acciones tienen esta influencia. Consideramos todas las circunstancias en que estas acciones concuerdan y de allí tratamos de extraer algunas conclusiones generales respecto a estos sentimientos.»

158: «Se supone que todas las circunstancias del caso están ante nosotros antes de que podamos pronunciar una sentencia de censura o aprobación. Si alguna circunstancia esencial fuese todavía ignorada o dudosa, debemos emplear nuestras facultades intelectuales o de investigación para asegurarnos de ellas, y por un tiempo debemos suspender toda decisión o sentimiento moral.»

158-9 «Pero después que se han conocido todas las circunstancias y relaciones, el entendimiento ya no tiene en qué operar ni objeto alguno en el cual podría ocuparse. La aprobación censura que entonces sobreviene no puede ser obra del juicio sino del corazón y no se trata de una proposición o afirmación especulativa sino de un activo sentimiento (feeling or sentiment). En las disposiciones del entendimiento inferimos algunas nuevas y desconocidas relaciones y circunstancias, a partir de las conocidas. En las decisiones morales, todas las circunstancias y decisiones deben ser conocidas previamente, y el espíritu, por la contemplación del conjunto, siente alguna nueva impresión de afecto o de disgusto, de estimación o de desprecio, de aprobación o de censura.»

159: «Antes de que podamos pretender formarnos una decisión de esta especie, todo debe ser conocido y averiguado por parte del objeto o de la acción. Nada resta sino experimentar, por nuestra parte, un sentimiento de censura a o de aprobación, de donde pronunciamos que la acción es delictuosa o virtuosa.»

161: «el delito o la inmoralidad no es un hecho particular ni una relación que pueda ser objeto del entendimiento, sino que surge por entero del sentimiento de desaprobación que, por la estructura de la naturaleza humana, sentimos ineludiblemente al aprehender la barbarie o la perfidia.»

161: «Los objetos inanimados pueden tener entre sí todas las relaciones que observamos en los seres morales, si bien los primero jamás pueden ser objeto de amor o de odio ni son, consecuentemente, susceptibles de méritos o de iniquidad.»

161: «Parece evidente que los fines últimos de las acciones humanas en ningún caso, jamás, pueden ser explicados por la razón, sino que se recomiendan a sí mismos enteramente a los sentimientos y a los efectos de la humanidad sin ninguna dependencia de las facultades intelectuales.»

162: «Es imposible que pueda haber un progreso in infinitum y que una cosa pueda ser siempre una razón de por qué otra es deseada. Algo debe ser deseable por sí mismo y debido a su inmediato acuerdo o conformidad con el sentimiento y el afecto humano.»

162: «Así, los distintos límites y oficios de la razón y del gusto son fácilmente determinados. La primera lleva al conocimiento de la verdad y de la falsedad, el último procura el sentimiento de belleza o de fealdad, de vicio o de virtud.»

162-3: «Como la razón es fría e indiferente, no es un motivo de la acción, y sólo dirige el impulso recibido del apetito o de la inclinación, mostrándonos los medios de lograr la felicidad y de eludir la miseria. Y el gusto, al dar placer o dolor, y constituir por este medio la felicidad o la miseria, llega a ser un motivo para la acción y es el primer resorte o impulso para el deseo y la volición. A partir de circunstancias conocidas o supuestas, la primera nos conduce al descubrimiento de lo oculto y desconocido. El último, después que todas las circunstancias y relaciones están ante nosotros, nos hace sentir un nuevo sentimiento de censura o aprobación, que surge del conjunto.»

Segundo apéndice: Del amor a sí mismo[editar]

168 (n): «La benevolencia se divide naturalmente en dos clases: la general y la particular. La primera ocurre cuando no tenemos amistad, relación o estima con respecto a la persona, sino que sólo sentimos por ella una simpatía general o compasión por sus dolores, y una congratulación por sus placeres. La otra especie de benevolencia se funda en una estimación de la virtud, en los servicios que nos han sido prestados, o en algunas particulares relaciones. Estos dos sentimientos deben ser tenidos por reales en la naturaleza humana».

169: «La causa más simple y patente que pueda atribuirse a cualquier fenómeno es probablemente la única verdadera.»

Tercer apéndice: Algunas consideraciones ulteriores acerca de la justicia[editar]

173: «Las virtudes sociales de la benevolencia y el carácter humanitario ejercen su influencia de inmediato por una tendencia directa o instinto que principalmente mantiene en vista el objeto simple, moviendo los afectos sin abarcar ningún plan o sistema ni las consecuencias que resultan de la concordancia, la imitación y el ejemplo de los demás.»

174: «No ocurre lo mismo con las virtudes sociales de la justicia y la fidelidad. Son altamente útiles o, en verdad, absolutamente necesarias para el bienestar de la humanidad, pero el beneficio que resulta de ellas no es consecuencia de cada acto individual o particular (every individual single act), sino que surge de todo el plan (scheme) o sistema de la sociedad al cual colabora toda o la mayor parte de la sociedad.»

174: «Aquí, en muchos casos, el resultado de los actos individuales es directamente opuesto al sistema total de las acciones, y el primero puede ser en extremo dañoso mientras el último es de gran provecho.»

177: «La palabra natural está tomada en tantos sentidos y tiene un significado tan vago que parece vano disputar acerca de si la justicia es natural o no. Si el amor a sí mismo y la benevolencia, si la razón y la presciencia son también naturales, entonces el mismo epíteto puede ser aplicado a la justicia, el orden, la fidelidad, la propiedad y la sociedad.»

177-8 (n): «Lo natural puede oponerse a lo que es insólito, a lo que es milagroso o a lo que es artificial. En los dos primeros casos, la justicia y la propiedad son, sin duda, naturales. Pero como suponen razón, premeditación, plan y una unión social y una confederación de hombres, quizá aquel epíteto no pueda aplicársele estrictamente en el último sentido. Si los hombres hubieran vivido sin sociedad, la propiedad jamás habría sido conocida y nunca habrían existido ni la justicia ni la injusticia. Pero entre los seres humanos la sociedad habría sido imposible sin la razón y la premeditación.»

Cuarto apéndice: Sobre algunas disputas verbales[editar]

184: «En primer lugar, no veo que en inglés ni en ninguna lengua moderna estén fijados exactamente los límites entre las virtudes y los talentos, los vicios y los defectos, o que se pueda dar una definición precisa de uno distinguiéndolo del otro, mediante cualidades opuestas.»

185: «Pero, en segundo lugar, no hay que extrañarse que los idiomas no sean muy precisos en marcar los límites entre las virtudes y los talentos, los vicios y los defectos, puesto que hacemos poca distinción en nuestra íntima estimación de ellos.»