Breve historia contemporánea de la Argentina/La crisis del estado (1989-2001)

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Breve historia contemporánea de la Argentina/La crisis del estado (1989-2001)

Título Breve historia contemporánea de la Argentina/La crisis del estado (1989-2001)
Autor Ricardo Sidicaro
Año 2001

La propuesta de modelos a imitar se convirtió en un argumento recurrente en aquellos países que buscaban evolucionar en la misma dirección que los más modernos. En el caso argentino, en los últimos doce años los gobiernos llevaron adelante una serie de reformas de carácter neoliberal. Las preguntas que organizan nuestra indagación son: la crisis de las capacidades estatales, las características de los actores políticos y socioeconómicos predominantes durante el período estudiado y las relaciones de poder que llevaron a la adopción y mantenimiento de las políticas neoliberales.

Sobre la crisis del Estado[editar]

Cabe definir la crisis del Estado a partir de distintas dimensiones empíricas que manifiesta la pérdida o debilitamiento de las capacidades políticas, burocráticas y administrativas para realizar normalmente sus funciones. Es usual que junto con el debilitamiento de la integración social, las protestas de los perjudicados aumenten y se incremente la represión estatal y se deteriore la legitimidad del Estado. Los recursos burocráticos, presupuestarios y técnicos del estado imponen límites a los actores a cargo de la dirección política de los gobiernos.

El Estado Intervencionista en la Argentina[editar]

Las críticas al Estado fueron muy frecuentes en la opinión pública en las últimas décadas. Los actores socioeconómicos son los diferentes sectores empresarios o intereses económicos cuyas actividades afectaban decisivamente las orientaciones del sistema económico nacional. Lo que pueden parecer debates técnicos sobre las instituciones son la expresión de conflictos de intereses que involucran muchos aspectos. Los diagnósticos sobre la situación estatal están asociados a concepciones sociales, políticas y económicas.

La primera etapa del intervencionismo estatal: 1930-1955[editar]

La tendencia a la ampliación de las capacidades del Estado prevaleció durante este período. El fraude electoral de la época conservadora y el liderazgo carismático de Perón fueron los principales factores que menoscabaron la racionalidad estatal y que deterioraron la autoridad y legitimidad de las instituciones. Las gestiones peronistas y conservadoras fueron pioneras en la fijación de organizaciones burocráticas destinadas a perdurar más allá de su gestión. Los dirigentes políticos encontraron en el Estado intervencionista un medio para preservar y ampliar sus propios intereses y asegurarse el apoyo social. La transformación iniciada en 1943 puso a la burocracia militar al frente de las tareas de profundización del intervencionismo estatal. Sus sucesores peronistas mantuvieron los mismos criterios de desenvolvimiento en la esfera estatal.

La crisis del Estado y la profundización del intervencionismo: 1955-1976[editar]

La crisis de las capacidades estatales se logró a partir de la acción de la burocracia militar de destituir a todos los gobiernos civiles de esos veinte años. Sobre este fondo de inestabilidad institucional se crearon de manera contradictoria muchas estructuras burocráticas con funciones mal definidas. A diferencia del primer período de intervencionismo, la acción estatal no se basó en proyectos gubernamentales estables. Ninguno de los principales actores socioeconómicos consiguió en las dos décadas imponer de modo estable su proyecto. En los momentos que cada uno de ellos tuvo mayor gravitación sobre las decisiones estatales logró medidas para acrecentar sus beneficios. Estas ventajas circunstanciales se convirtieron en un problema cuyos efectos objetivos se trasladaban a la estructura del Estado. La base fundamental de la vigencia de un Estado, el monopolio de la coerción física, se encontró cuestionada por la existencia de organizaciones parapoliciales patrocinadas por el gobierno.

La dictadura militar y la desarticulación estatal[editar]

Los años del “proceso” correspondieron al comienzo del tercer período del intervencionismo y un salto en la crisis del Estado. La dictadura militar condujo al colapso de las instituciones y lo que cabe definir como un no-Estado. La supresión de reglas y procedimientos propios del imperio del derecho. La dictadura se propuso desarticular el intervencionismo económico y restablecer la libertad de mercado. Los intereses propios de los militares constituyeron un obstáculo para concretar el anunciado programa de achicamiento estatal. La desorganización estatal fomentó las actividades especulativas, lo que Weber denomina capitalismo aventurero. Los actores socioeconómicos más beneficiados fueron los grupos económicos concentrados y el capital financiero nacional e internacional. El régimen dictatorial introdujo los acreedores internacionales. Encontraron en el endeudamiento externo una forma de fortalecer sus disponibilidades presupuestarias. La deuda dejó establecida en el plano externo una situación de merma de la soberanía nacional.

El cuarto período y las consecuencias de las capacidades estatales para la democracia (1983-1989)[editar]

Durante los años del gobierno de Alfonsín se encararon pocas reformas para mejorar las capacidades estatales. Para reconstruir el Estado de Derecho, el objetivo principal fue la despolitización de la burocracia militar. Los juicios a las juntas constituyeron un hito de enorme trascendencia en la conciencia pública. Los grandes problemas económicos dejados por el “proceso” y la desarticulación de la estructura industrial y las obligaciones de la deuda externa se agravaron por la ausencia de capacidades estatales para desarrollar políticas de fomento de la producción. La realización de algunas privatizaciones de empresas públicas despertó la oposición del peronismo. Con el caos de la hiperinflación los precios de los productos perdieron referencia y los denominados “saqueos” aparecieron como respuesta de quienes no encontraban garantizado el compromiso que tenía el Estado de asegurar el valor de su papel moneda.

El neoliberalismo menemista y la profundización de la crisis estatal[editar]

El consenso logrado en la población luego de Alfonsín obvió la discusión de las medidas a adoptar. Las principales corporaciones empresarias festejaron la victoria ideológica. El “milagro” de la conversión de Menem pareció sorprender a los antiguos pregoneros de las virtudes del mercado.

De la identidad peronista tradicional a la gestión neoliberal[editar]

Desde su fundación el peronismo se presentó como una fuerza política preocupada por lograr mayor equidad social. El gobierno de Menem llevó adelante una gran ruptura con esta tradición. La apertura del mercado y las privatizaciones hicieron que se perdiera el efecto simbólico de las conquistas logradas durante anteriores gestiones peronistas, generando creciente malestar social y debilitando a los sindicatos.

La década menemista: neoliberalismo y globalización[editar]

El gobierno de Menem asumió como propio el programa neoliberal. La apertura importadora de la economía al comercio mundial se encontró con las consecuencias de la crisis estatal. El deficiente funcionamiento del control aduanero impedía el cobro de los impuestos. Durante el curso de la década la trama de los intereses de los actores socioeconómicos predominantes conoció un desplazamiento en beneficio de los inversionistas extranjeros. Las privatizaciones de empresas públicas suprimieron mecanismos estatales para orientar actividades económicas y sociales. Los hechos de corrupción son frecuentes en las privatizaciones de las empresas públicas. Entre las manifestaciones de la crisis de las capacidades estatales, la evasión impositiva era considerada como la más grave del país.

En 1991, Cavallo completó la política neoliberal con la convertibilidad en la relaciónuno a uno del peso con el dólar. La convertibilidad era un problema político en el que se resumía la renuncia estatal en el plano de la regulación de la moneda, cediendo potestades a otros actores. Las deudas públicas obligaron a destinar sumas de dinero cada vez mayores, independizadas de las necesidades de los ciclos económicos internos. La apertura y la desregulación de la economía crearon un escenario en el que permitieron actuar directamente a inversionistas mundiales, reduciendo los poderes de los grandes propietarios argentinos. Los empresarios internacionales que llegan con el libre mercado global se convierten en participantes precarios o inestables de las relaciones de poder argentinas. También con la apertura económica neoliberal llegan grandes capitales especulativos. Las altas dirigencias políticas, ante esto, consagran y oficializan la existencia de un oscuro parlamento, ajeno a todas las normas constitucionales. La legitimidad de la clase política y de las instituciones democráticas se debilita ante el reconocimiento de la existencia de poderes ajenos al orden legal formal.

Conclusiones provisorias[editar]

La etapa de sesenta años de evolución de las instituciones estatales que se clausuró en 1989 no fue homogénea pero cabe destacar la permanencia de las políticas intervencionistas y los vínculos que por medio de las mismas se creaban con la sociedad. A partir de los años sesenta se fue profundizando el deterioro de los sistemas públicos de educación, de salud y de seguridad. La falta de adecuados niveles de inversiones públicas y salarios fue la explicación del declive en esas funciones. Todas las debilidades de las capacidades a las que nos hemos referido eran las de un Estado con desorganización administrativa.

Lo novedoso de la etapa que se abrió con el neoliberalismo radicó en el abandono del proyecto intervencionista, y al suprimirse las anteriores modalidades de regulación y privatizarse las empresas públicas se potenció la crisis estatal. Las orientaciones económicas neoliberales insertaron a la Argentina de un modo pasivo en el proceso mundial de globalización. La desconexión entre gobiernos y partidos amplió la brecha entre ambos y la sociedad. Los efectos negativos del neoliberalismo en el plano de los ingresos y la ocupación deterioraron la legitimidad de la vida política, acentuada por la sospecha de la existencia de corrupción.

La lucha ideológica sobre los denominados “costos de la política” fue impulsada por un grupo de personas e instituciones que alternaban las actividades empresarias con la influencia sobre la opinión pública. Este era un singular Partido de los Negocios. Los titulares y los altos ejecutivos de los grupos económicos encuentran en el Partido de los Negocios un personal político siempre disponible para representarlos. El estado del neoliberalismo provoca efectos excluyentes que se aasemejan a los del mercado. En el horizonte utópico del neoliberalismo, no se encuentra el Estado mínimo sino la desaparición del Estado. La fragmentación de la sociedad y de los sectores perjudicados por el neoliberalismo registra límites desconocidos.

Los organismos mundiales de supervisión y de crédito ocuparon roles de tutores en la nueva economía. La merma de soberanía propia de la época de la globalización se potenció. La explicación debe buscarse en el hecho de que los actores no conforman una unidad o un bloque social, sólo los asemeja su interés por las ganancias y los negocios. La permanencia y profundización de la crisis del Estado es un elemento central que convierte en más inciertos los escenarios de desarrollo de todas las relaciones políticas y sociales.