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Ética nicomáquea

De Wikiversidad
Ética nicomáquea

Título Ética nicomáquea
Autor Aristóteles
Siglo IV a. C.

Libro I. Del bien humano en general

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Todas las cosas aspiran a un bien, que es su fin. Debe haber un fin último que sea el bien soberano. De este bien se ocupa la ciencia política, la ciencia soberana, que se sirve de las otras ciencias prácticas. Este bien soberano es la felicidad, pero ¿qué es la felicidad?

  • ¿El placer, la vida voluptuosa? Esto es común a los animales, no distingue al hombre.
  • ¿El honor, fin de la vida política? El honor reside más en quien lo da que en el que lo recibe, y «el verdadero bien debe ser algo propio y difícil de arrancar de sus sujeto».
  • ¿La riqueza, la vida de lucro? Ella sólo es medio para otro fin.

El fin final debe ser apetecible por sí mismo y autosuficiente: la felicidad, pero ¿qué es?

El bien y la perfección residirán en lo propio del hombre, pero ¿qué es?

  • ¿La vida vegetativa? Es común a las plantas.
  • ¿La vida sensitiva? Es común a los animales.
  • La vida activa de la parte racional del hombre: «...el bien humano resulta ser una actividad del alma según su perfección.» (según la virtud)

Hay bienes exteriores, del cuerpo y del alma (llamados bienes «con máxima propiedad»).

La felicidad consiste en la virtud, que es esa actividad del alma (si bien requiere también de bienes exteriores) según su perfección. Las acciones conforme a la virtud son en sí mismas deleitosas, y bellas y buenas en el más alto grado. Por eso la felicidad es lo más bello y delicioso.

Los actos de la virtud más deleitosos serán también los más duraderos. El feliz no dejará de serlo, es como inconmovible por tener su virtud, que es digna de alabanza, mientras que la felicidad es digna de veneración.

Debemos ver entonces qué es la virtud humana (la del alma). El alma tiene varias partes:

  • Irracional
    • Vegetativa (no participa de la razón)
    • Desiderativa (participa de la razón obedeciéndola)
  • Racional
    • Razón propiamente y en sí misma.
    • Escucha a la razón.

Según la primera parte racional tenemos virtudes intelectuales y según la segunda tenemos virtudes morales.

Libro II. De la virtud en general

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La virtud intelectual es fruto del magisterio, por lo cual requiere experiencia y tiempo.

La virtud moral es fruto de la costumbre (no es innata), las adquirimos practicándolas. Está en relación con los placeres y dolores, y la buena educación consiste en entrenarnos para el goce y sufrimiento correctos. Quien sepa usar rectamente los placeres y dolores será bueno y quien no sepa hacerlo, malo.

Los actos humanos se malogran por exceso y por defecto con respecto al término medio (que es relativo).

Para que un acto sea moralmente bueno el agente tiene que actuar con disposición hacia lo que hizo, ser consciente de esto, proceder con elección y actuar con ánimo firme e inconmovible.

La virtud no es una pasión ni una potencia, es un hábito (en el hombre, será aquél por el cual se hace bueno).

«La virtud es, por tanto, un hábito selectivo, consistente en una posición intermedia para nosotros, determinada por la razón y tal como la determinaría el hombre prudente. Posición intermedia entre dos vicios, el uno por exceso y el otro por defecto.»

No toda acción tiene punto medio (hay cosas virtuosas o viciosas de por sí).

Los tres puntos se oponen entre sí (más los extremos, de los cuales los más distantes son «contrarios» ).

El medio se puede parecer a un extremo, ya sea porque es efectivamente más semejante o porque tendemos a ver aquello a que estamos más naturalmente inclinados como más opuesto al medio.

Ser virtuoso es difícil; a veces hay que inclinarse hacia un extremo, pero saber cuánto es permisible alejarse del centro es imposible.

Libro III. De la fortaleza y la templanza

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Actos involuntarios: ejecutados por compulsión (el origen es externo, el sujeto es pasivo) o por ignorancia (si lamentamos en seguida lo hecho es una acción involuntaria; si no, a lo sumo, no voluntaria).

Obrar por ignorancia (se ignora lo que se debe hacer: ignorancia en la elección): es condición del vicio, no es involuntaria.

Obrar en estado de ignorancia (se ignoran las condiciones particulares): es digno de compasión.

Actos voluntarios: su principio está en el agente, y éste conoce las circunstancias particulares de la acción. Son actos agradables.

Actos mixtos (se parecen a los voluntarios): en busca del mal menor.

La voluntad tiene por objeto un fin; la elección lo es de los medios. Es necesaria una previa deliberación (acto voluntario que mira a los medios, a lo que depende de nosotros y es posible hacer; busca el medio que esté a nuestro alcance ahora).

El ejercicio de la virtud atañe a los medios, y está en nuestro poder ser virtuosos o viciosos (incluso de nuestros hábitos somos responsables, pues los fomentamos en su momento), ya que los actos virtuosos son voluntarios y además elegidos.

Análisis de las virtudes de las partes irracionales del alma:

  • La valentía: el hombre sin miedo frente a una bella muerte soporta lo que debe aunque tema y por un motivo noble.
  • La templanza: éste no se aflige en la ausencia o abstinencia de lo placentero, pero desea en correcta medida las cosas que contribuyen a la salud y el bienestar. En los deseos naturales (como comer) difícilmente se yerra (sólo por exceso). En los particulares es más fácil.
  • El desenfreno es más voluntario que la cobardía y por ende digno de mayor reprensión.

Libro IV. De las virtudes morales en particular

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Las virtudes se relacionan con los sentimientos o con las acciones (es el dominar un sentimiento y el actuar correctamente).

  • En relación a los bienes económicos:
    • Liberalidad: éste gastará cuanto y en lo que convenga (y con placer) y recibirá cuanto y de donde convenga.
    • Magnificencia (sobre los gastos que exceden la liberalidad): es la excelencia de la obra en la grandeza.
  • En relación al honor:
    • Magnanimidad: éste se ve, y es, digno de grandes cosas. La pusilanimidad es más opuesta a ella que la vanidad y es peor.
    • Virtud en la búsqueda de honores, sin nombre.
  • En relación a sentimientos primitivos (como las de las partes irracionales del alma):
    • Mansedumbre: éste se irrita cuando corresponde. Las pequeños fallas no son criticables, pero encontrar el límite es difícil.
  • En relación a las relaciones sociales:
    • Virtud en el intentar ser agradable en general, sin nombre.
    • Virtud en el ser honesto con respecto a uno mismo, sin nombre.
    • Tacto o discreción: acerca del intentar agradar divirtiendo.

Hay cualidades que no son virtudes, ya que son estados medios en las emociones y no actitudes de la voluntad con respecto a ellas: p. ej.: la vergüenza o el celo por la justicia. Están en el L II.

Libro V. De la justicia

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Dos sentidos de «justicia»:

  • Lo legal (justicia universal): es coextensiva con la virtud (es la virtud perfecta, pero para otros). Es injusto lo ilegal.
  • Lo imparcial e igual (justicia particular): el injusto en este sentido (desigual) es el que toma más de lo que le corresponde de cosas que son buenas en sí mismas pero que no le corresponden, y toma menos de las cosas que son malas.

Particular:

  • Justicia en la de los honores y la riqueza entre los ciudadanos (distributiva).
  • Justicia reparadora en las relaciones entre los hombres (reparadora).
    • Ejercida en transacciones voluntarias (como una venta).
    • Ejercida en transacciones involuntarias (como el robo).

En ambos casos de la particular la justicia consiste en el establecimiento de una proporción (es el medio entre extremos desproporcionados), pero cada una establece distintos tipos de proporción:

  • Justicia distributiva: implica dos personas y dos cosas; dado cierto bien hay que distribuirlo en relación al mérito de las personas en cuestión (proporción geométrica).
  • Justicia reparadora: se le quita a uno y se le da a otro en base a una progresión aritmética (proporción aritmética).

En ninguna de estas dos se aplica lo de «ojo por ojo», pero sí en una tercera (c: justicia de trueque o comercial).

Tres tipos de persona actuando según la justicia:

  • El hombre de Estado (distribuye honores y recompensas).
  • El juez (fija los daños).
  • El labrador o artesano (cambia sus mercancías a un precio equilibrado).

La justicia es una posición intermedia, pero no como las otras virtudes, sino porque corresponde al medio, mientras que la injusticia se ubica en ambos extremos (cometer injusticia y padecerla). No es un término medio en sentido estricto.

Distinciones:

  • Justicia política (entre ciudadanos de un Estado libre).
    • Derechos y deberes naturales (universalmente reconocidos).
    • Derechos y deberes convencionales (de cada Estado particular).
  • Justicia no política (entre subordinado y superior).

Se comete justicia o injusticia cuando se obra voluntariamente; involuntariamente se pueden producir actos justos o injustos sólo por accidente. Los actos voluntarios pueden ser hechos por elección o sin ella; en el primer caso hubo deliberación, en el otro no. Entonces, hay tres especies de daños:

  • Los causados por ignorancia:
    • Error culpable: el resultado fue distinto de como se lo pensó, el principio de la ignorancia está en el agente, aunque no hubo maldad.
    • Desgracia: el resultado era imprevisible: el principio de la ignorancia está fuera del agente.
  • Acto consciente pero sin previa deliberación: acto injusto (aunque quien lo realizó no necesariamente lo sea).
  • Acto consciente con deliberación: acto injusto propio de una persona injusta.

A la inversa, el hombre es justo cuando practica la justicia deliberadamente, y su acto es justo cuando obra voluntariamente. Es importante el hecho de que es fácil actuar de manera justa, pero no ser justo, para lo cual es necesaria una disposición.

Libro VI. De las virtudes intelectuales

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Necesidad de estudiar estas virtudes: a) porque el justo medio lo dicta la razón; b) porque la felicidad es una actividad del alma conforme a la virtud, o, habiendo más de una, a la más perfecta, y entonces hay que ver qué clase de virtud es la mejor. De las virtudes del carácter (morales) ya se habló; queda analizar las de la inteligencia (intelectuales).

Partes del alma:

  • Irracional.
  • Racional (ésta formula la regla).
    • Una parte contempla las cosas cuyos principios no admiten ser de otra manera (parte científica, cuyo objeto es la verdad).
    • Otra parte contempla las cosas que sí lo admiten (parte calculadora o deliberativa, cuyo objeto es la verdad correspondiente a los medios de satisfacer el deseo correcto). Hay que ver cuál es el mejor hábito para cada parte, porque él será su virtud.

La virtud de una cosa es relativa a la obra que le es propia. Ahora, hay tres cosas en el alma que dirigen la acción:

  • La sensación.
  • El entendimiento.
  • El apetito.

La sensación no es principio de ninguna acción moral; el entendimiento y el apetito determinan la acción de modos diferentes, dado que la virtud moral es una disposición para elegir, y la elección es un deseo deliberado (implica el deseo de un fin y la razón –la razón calculadora– que descubre los medios para alcanzar dicho fin).

El pensamiento puro no motiva nada; para hacerlo tiene que estar dirigido hacia un fin.

El hombre como autor de una acción es una unión de deseo y razón, y, dado que la verdad es el objeto común de ambas partes racionales del alma, la virtud de ambas consistirá en aquello por lo cual alcanzan la verdad.

Hay cinco estados del alma mediante los que alcanzamos la verdad (quedan excluidos conjetura y opinión, que llevan al error):

  • Ciencia (episteme): su objeto existe con necesidad y es eterno. La ciencia puede ser enseñada; es un hábito demostrativo.
  • Arte (téchne): sobre lo contingente. Es un hábito productivo acompañado de razón verdadera (nos permite hacer cosas con ayuda de la regla exacta). Se refiere al hacer (producir algo distinto de la actividad que lo produce) y no al obrar (ser activos de cierta manera).
  • Prudencia / sabiduría práctica (phrónesis): poder de deliberar acertadamente sobre las cosas buenas para él para el vivir bien en general. No es ciencia porque su objeto (la materia del obrar) es contingente, ni es arte porque no es hacer, sino obrar (no tiene un fin distinto de la actividad: la misma buena acción es su fin). La prudencia es una virtud.
  • Intuición / razón intuitiva (nous): es la razón mediante la cual aprehendemos los primeros principios de la ciencia. Dichos principios son aprehendidos por inducción, que es el acto de la razón intuitiva.
  • Sabiduría (teórica: sophía): el saber más riguroso, alcanza la verdad no sólo acerca de las conclusiones de los principios sino también acerca de los principios mismos (es a la par intuición y ciencia, y de las cosas más ilustres por naturaleza).

Respecto de la prudencia: ella tiene por objeto las cosas humanas (de experiencia) y sobre las que puede deliberarse; debe conocer no sólo lo universal sino también lo particular, porque tiene que ver con la acción (es práctica). Es el mismo hábito que la ciencia política (son co-extensivas) pero su esencia no es la misma, porque la prudencia (aplicada a la ciudad) puede ser legisladora (entendida como arquitectónica) o referida a los casos particulares, y sólo a ésta se la tiene como la auténtica prudencia., mientras que es a la otra (aplicada al Estado y no al individuo) a la que consideramos ciencia política.

Así como hay una intuición teorética, que aprehende los términos primeros e inmutables en las demostraciones, hay también una intuición práctica que aprehende (directamente, no de manera deductiva) los términos primeros y contingentes en los razonamientos del obrar.

Utilidad de la sabiduría teorética y la práctica (las virtudes de las dos partes distintas del alma racional, la sabiduría y la prudencia):

  • Por sí mismas ya son apetecibles en tanto virtudes.
  • Aparte, producen un efecto: la sabiduría nos lleva a la felicidad, y la prudencia permite la consumación adecuada de la obra del hombre (en tanto da los medios conducentes al fin recto establecido por las virtudes morales).

La prudencia no puede existir independientemente de la virtud. La capacidad de alcanzar el fin es la habilidad; si el fin es justo (sólo la virtud garantiza esto) la habilidad se convierte en prudencia, si no en picardía.

La virtud moral y la prudencia se implican mutuamente (para que exista la prudencia tiene que haber virtud moral, que es la que garantiza que el fin sea justo; para que la virtud –que pude ser una disposición natural en alguien– sea propiamente moral debe ir acompañada por un conocimiento de las consecuencias de las acciones).

La prudencia (sabiduría moral) es inferior a la sabiduría teorética (intelectual).

La virtud moral es la obediencia a la regla que señala que el fin del hombre se alcanza mejor con la práctica de ciertas acciones intermedias entre dos extremos, regla a la cual llega el hombre prudente mediante el análisis deliberativo.

Libro VII. De la continencia e incontinencia

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Formas de conducta moral a evitar: el vicio, la incontinencia y la bestialidad (que contradicen a la virtud, la continencia y la «virtud sobrehumana, heroica y divina» ). La bestialidad se encuentra en los bárbaros (la virtud divina en casi nadie). Del vicio y a virtud ya se habló. Centrémonos, entonces, en el problema de la continencia y la incontinencia.

El continente, sabiendo que sus principios son malos, se rehúsa a seguirlos por respeto al principio racional; el incontinente se deja llevar, aún cuando también sabe que está mal y no pensando que ha de perseguirse siempre el placer inmediato (el desenfrenado es el que sólo busca el placer inmediato y actúa luego de una elección deliberada). Sócrates erraba al pensar que la incontinencia no existe: se puede actuar mal aún teniendo el conocimiento de lo recto, siempre que esté en el fondo y no en la superficie del espíritu; puede actuarse mal por desconocer la premisa menor final del silogismo práctico (saber que las bebidas con alcohol dañan, pero no saber que «esto» es un vino); puede actuarse mal porque la influencia de las pasiones es demasiado fuerte (conozco todas las premisas pero no derivo la conclusión necesaria). En todos los casos del silogismo práctico el ácrata se olvida de alguna premisa o de sacar la conclusión y se fija en que la acción es agradable (no en que es mala). La acción es tomada por la voluntad (si la tomara el deseo el ácrata sería inimputable). El continente no pone en obra lo que sabe correcto: en este sentido no puede nunca ser prudente.

El incontinente y el continente lo son respecto de los placeres y dolores.

Cosas que dan placer y excitan el deseo: a) indiferentes pero necesarias (sólo en relación a éstas se habla propiamente de incontinencia); b) buenas y deseables en sí mismas, pero susceptibles de exceso (puede hablarse de incontinencia, pero sólo por analogía, cuando se presenta dicho exceso).

Hay también cosas que no son deseables pero que pueden causar placer, ya sea por depravación original o por una incompletitud en el desarrollo orgánico: son la bestialidad (que es producida por la enfermedad o la locura, como el canibalismo) y los estados mórbidos (que pueden deberse a la costumbre o por naturaleza, como comerse las uñas). Acá tampoco hay incontinencia si no es por semejanza o analogía.

La incontinencia causada por la cólera es más excusable, porque es más común y porque cierto contacto con la razón tiene.

El desenfreno es una forma de incontinencia basada en la pasión que implica el persistir en los objetivos aún después de haber deliberado, mientras que el incontinente puede arrepentirse de sus actos. Lo opuesto al desenfreno es la templanza. La diferencia entre la templanza y la continencia (en ambos casos se trata de no hacer nada contrario a la razón por los placeres del cuerpo) es que el continente tiene malos deseos y siente placer por lo contrario a la razón, pero no se deja llevar, mientras que el temperante no siente ese placer ni tiene malos deseos. El débil, por su parte, delibera; el impetuoso no.

El placer es un bien (dado que el dolor es un mal); de hecho, podría ser el bien supremo. Incluso los placeres del cuerpo son buenos en tanto los sufrimientos opuestos son malos. Lo agradable es lo que estimula la actividad propia.

Libro VIII. De la amistad

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Es un tema importante, porque es una virtud, es muy necesaria para la vida y es algo hermoso.

La amistad real convierte a la justicia en innecesaria, mientras que los justos tienen necesidad de amistad. Ambas cosas están estrechamente ligadas y crecen juntas, encontrándose en los mismos sujetos

Tipos de amistad (de la menos a la más elevada):

  • Fundada en la utilidad (necesidad de ayuda económica).
  • Fundada en el placer (placer nacido de la sociedad con semejantes).
  • Fundada en el bien (el amigo ayuda al amigo a vivir la mejor vida: ambos se aportan mutuamente una cantidad igual de bienes).

Se corresponden con los tres objetos amables (lo útil, lo placentero y lo bueno). De 1 a 3 aumenta lo estable de la amistad. Por placer o utilidad pueden ser amigos entre sí hasta los malos, pero sólo los buenos pueden serlo por sí mismos (los malos son amigos sólo por accidente).

Amistad: basada en la igualdad (los amigos obtienen uno de otro las mismas cosas) o en la superioridad (como la de padre e hijo, en que se aman por motivos distintos, y no obtienen lo mismo uno del otro; en estos casos el superior debe ser el más amado y el inferior el más amante).

De todos modos, es más importante para la amistad el amar, con lo cual la virtud de la amistad es el amar.

Formas de constitución política: monarquía, aristocracia y timocracia o república (de mejor a peor); sus desviaciones son la tiranía, la oligarquía y la democracia (de peor a mejor). En cada una la amistad aparece en el mismo grado que la justicia.

Libro IX. De la amistad

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La amistad es el traslado de las sensaciones y cuidados por nosotros mismos hacia los demás: el que actúa de forma correcta lo hace por su propio interés (intelectual). El hecho es que una persona así se conduce con los amigos como consigo mismo. En este sentido (pero no en el negativo) el hombre debe ser egoísta, porque beneficiándose beneficia a los demás.

La benevolencia se distingue de la amistad, principalmente porque se puede extender hacia personas muy lejanas, cosa que con la amistad no pasa (no puede haber amistad, por ejemplo, entre un hombre y un dios).

La concordia (que sólo se da entre los justos) es una especie de amistad social (uno puede concordar con desconocidos).

Bienhechor es el que da sin importarle recibir nada a cambio. Siente placer por el dar.

Libro X. De la felicidad

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El placer está en íntima relación con la naturaleza humana. Para la virtud moral, por otro lado, parece fundamental encontrar placer en lo conveniente y aborrecer lo incorrecto.

Eudoxio identificaba el bien con el placer; su teoría no es perfecta, pero los que lo identifican con el mal, sosteniendo que lo que todos apetecen no es un bien, está equivocado.

No se puede gozar del placer del justo sin ser justo, ni del músico sin serlo, y así.

La sensación más placentera será la más completa, y la más completa es la del sujeto que está bien dispuesto con respecto al objeto más excelente de los que caen bajo cada sentido. El placer perfecciona a la actividad a que acompaña, pero no es su condición (las únicas condiciones previas son el agente y el paciente). Los placeres que completan las actividades difieren por su clase (como las actividades mismas); los seres de cada especie encuentran su perfección en cosas diferentes; los placeres que hacen aumentar la actividad deber serle afín; para cada ser existe un placer que le es propio, como también un acto propio (y este placer es el que viene de ejecutar dicho acto).

Vuelta al tema de la felicidad: es un acto deseable por sí mismo y no por otra cosa, y dichos actos son aquéllos en los que no hay que buscar nada fuera de sí mismos. Éstos son los actos virtuosos (hacer cosas bellas y buenas es en sí mismo deseable); podría ser también la diversión, pero el hecho es que lo valioso y lo agradable es lo que es tal para el hombre virtuoso, y para éste el acto más apetecible es el conforme a la virtud. La vida feliz, entonces, es la conforme a la virtud.

Ahora, será la actividad conforme a la virtud más alta, que será la virtud de la parte mejor del hombre: la actividad contemplativa, que es, en efecto, la más alta de todas, visto que la inteligencia es lo más alto en nosotros, y que de las cosas cognoscibles las más excelentes son las que apuntan a la inteligencia; además, el placer contemplativo puede ser el más duradero, y es la actividad más independiente. Siempre que abarque la extensión completa de la vida, la actividad contemplativa será causa de la felicidad más perfecta. Es una vida divina, y a nosotros nos corresponde hacer todo lo posible por parecernos en la medida de nuestras capacidades a los dioses. En la vida contemplativa el hombre hace justicia a lo que es más propio de él, la inteligencia.

Las otras virtudes ofrecen una felicidad en grado secundario, por ser más terrenales y necesitar más recursos exteriores; sin embargo, en la medida en que el hombre vive en sociedad debe respetarlas y habrá de conseguirse dichos recursos, que, por otra parte, no tienen por qué ser demasiados.

Dado todo esto, el más feliz de los hombres será el filósofo. Para esto hay que educarse (en lo que no esté ya dado por naturaleza) en vistas de orientar correctamente nuestros goces, dado que no se trata de descubrir la virtud sino de practicarla.