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¿Qué hay en un nombre? - «Crátilo» de Platón

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Contextualización

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Platón es considerado, posiblemente la primera persona en realizar filosofía de lenguaje, siendo el autor de la obra más antigua conocida sobre esta materia: el diálogo titulado "Crátilo". Aunque esta obra no aborda la totalidad de las problemáticas tratadas por la filosofía del lenguaje contemporánea, sí examina uno de sus problemas más centrales, a pesar de qué la fascinación por el lenguaje y sus problemas se percibe a menudo como una característica distintiva de la filosofía del siglo XX Y de la tradición analítica, especialmente tras el trabajo de lógico Gottlob Frege en el siglo XIX, Platón, se revela como un genio, pionero que ya exploraba este campo en la antigüedad.

Mapa del contenido

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  • El debate sobre el origen de los nombres
  • Convencionalismo VS naturalismo
  • El análisis etimológico de Sócrates
  • El lenguaje frente al flujo y las formas

El debate sobre el origen de los nombres

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El núcleo del diálogo es una disputa entre dos personajes, Hermógenes y Crátilo, sobre la razón por la cual las cosas tienen los nombres que tienen. El problema planteado es si existe una relación intrínseca entre las palabras y los objetos que designan. Hermógenes defiende que el lenguaje es una cuestión de convención, hábito o acuerdo, según su postura. Cualquier nombre que se decida asignar a algo es un nombre correcto si alguien decidiera llamar caballo a un hombre y hombre a un caballo, eso serían sus nombres legítimos por el simple hecho de haber sido acordados. Por el contrario, Crátilo sostiene que existe una rectitud natural en los nombres que es la misma para todos sean griegos o no. Desde esta perspectiva los nombres no son simplemente lo que los seres humanos se acuerdan, sino que hay una forma correcta y una forma incorrecta de nombrar las cosas basada en su naturaleza.

Convencionalismo VS naturalismo

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La postura de Hermógenes sostiene que el lenguaje es puramente convencional para él. Los nombres no tienen una base en la realidad de las cosas, sino que son el resultado de la costumbre y el acuerdo entre los hablantes. Cualquier nombre que se asigne a un objeto, es correcto, siempre que exista un consenso frente a esto, Sócrates plantea que si las cosas tienen una escena estable, una postura contraria al relativismo de Protágoras, entonces las acciones relacionadas con esas cosas también deben tener una naturaleza propia, por ejemplo así como hay una forma natural de cortar o quemar objetos, usando las herramientas adecuadas. El nombrar debe ser entendido como una acción que requiere un instrumento específico, el nombre. Según esta visión, el nombre es una herramienta para distinguir la realidad y su creación no puede dejarse al azar o al capricho individual, sino que debe ser obra de un legislador o "artesano de nombres", capaz de captar la forma ideal del nombre para cada cosa. Por otro lado, Crátilo defiende un naturalismo radical, sugiriendo que quien conoce los nombres conoce también las cosas, pues el nombre imita la esencia del objeto.

El análisis etimológico de Sócrates

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Sócrates desarrolla un extenso análisis etimológico que abarca aproximadamente la mitad del diálogo en el cual propone explicaciones para los nombres de dioses, héroes, astros y conceptos filosóficos abstractos. Un ejemplo destacado es el termino theos (dios), vincula con el verbo theein (correr), bajo la premisa de qué los antiguos griegos nombraron así a las divinidades al observar el movimiento constante del sol, la luna y las estrellas. Asimismo, analiza términos como phronesis (sabiduría), gnome (opinión) y episteme (conocimiento), asociándolos con la idea de movimiento o flujo. En este proceso, llega a los denominados nombres primarios o sonidos elementales, sugiriendo que las letras individuales tienen una función imitativa la letra rho evoca, movimiento o vibración, la lambda sugiere suavidad o deslizamiento y la iota representa delgadez o penetración. De esta manera se compara la labor del legislador o creador de nombres con la de un pintor, así como el artista emplea colores para crear un parecido el artesano de nombres utiliza sonidos y sílabas para imitar la esencia de las cosas y distinguir la realidad.

El lenguaje frente al flujo y las formas

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Al final del diálogo, se examina la teoría de Heráclito y sus seguidores, quienes afirman que todas las cosas fluyen y nada permanece quieto. Sócrates observa que la gran mayoría de la etimología propuestas parecen haber sido diseñadas por personas que creían en este flujo constante. Sin embargo, plantea un problema fundamental, si todo cambia y nada es estable el conocimiento resulta imposible si algo cambia en el mismo momento en que intentamos escribirlo, no hay una base sólida para que el lenguaje o el saber funcionen ante esto. Sócrates propone que deben existir realidades que no cambien como lo bello en sí mismo o lo bueno en sí mismo, esta postura presenta la teoría de las formas como una alternativa preferible a la teoría del flujo heraclíteo. El diálogo concluye con la advertencia de qué no se debe intentar aprender sobre la realidad a través de los nombres, sino que es necesario estudiar las cosas por sí, mismas, para comprender su verdadera naturaleza.

Véase también

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Notas

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  • La tradición analítica que se caracteriza por un interés profundo en el lenguaje. Durante el siglo XX tiene como punto de referencia al trabajo del lógico Gottlob Frege en el siglo XIX.
  • En el contexto del diálogo, el término "bárbaros" se utiliza para designar a todos aquellos pueblos y lenguas que no son de origen griego.
  • La función de nombrar las cosas, se describe como una tarea técnica realizada por un artesano de nombres o legislador, quien utiliza sonidos y sílabas como herramientas.
  • Las etimologías propuestas por Sócrates, vinculan una gran cantidad de términos con el movimiento, lo que sugiere que los antiguos creadores de lenguaje compartían la visión de qué la realidad está en flujo constante.

Bibliografía

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  • Adamson, Peter (2014). Classical Philosophy: A History of Philosophy Without Any Gaps, volumen 1. Oxford University Press. ISBN 978-0-19-967453-4.
  • Platón (1997). Complete Works. Editado por John M. Cooper. Hackett Publishing Company. ISBN 978-0-87220-349-5.