Líneas principales del pensamiento de René Descartes

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Obras[editar]

1628: Reglas para la dirección del espíritu
1630: El mundo o tratado de la luz
1637: Discurso del método
1641: Meditaciones metafísicas
1642: La búsqueda de la verdad mediante la razón natural
1644: Principios de filosofía
1649: Las pasiones del alma

La Razón[editar]

El Racionalismo de Descartes es una lucha continua por la autonomía de la Razón desde el punto de vista gnoseológico y no ontológico, puesto que lo importante de la Razón lo posee de forma innata dentro de sí.

Descartes define a la Razón como "lumens naturales" (luz natural) y es sinónimo de buena mente o buen espíritu. No la considera como una facultad sino como el desarrollo armónico de todas.

Ha de poseer una actitud crítica que la haga ser metódica y guiarse sólo por la evidencia. Toda la filosofía de Descartes viene regida por un método al cual se atiene siempre.

El método cartesiano: El análisis[editar]

René Descartes plantea cómo avanzar con seguridad en el camino del conocimiento. Si la razón humana es una herramienta valiosa y eficaz, preguntándose cuál es el motivo de los errores filosóficos anteriores. Sin duda, piensa Descartes, estos errores han sido motivados por la falta de método en la búsqueda de la sabiduría, es decir, en la filosofía.

Descartes anticipa que su método no es único, sino un resultado personal. Éste método formado por reglas fijas no lo quiere para exponer teorías, sino para descubrir verdades, de ahí que el orden propuesto en su método no es el orden natural de las cosas sino el de nuestro conocimiento de ellas por medio de la Razón.

Así, propone como más adecuado el método deductivo de las Matemáticas, materia por la cual sentía una gran tentación. Este método será el Análisis. Además, su gran preocupación por el error le hará adoptar una duda metódica que hace que el cerebro sea prudente, cauteloso y por cierto punto confiado para eliminar toda clase de prejuicios.

El Análisis consistirá pues en buscar unas verdades evidentes e indubitables para, a partir de ellas, establecer unas reglas de deducción seguras y ciertas.

Para Descartes lo verdadero es evidente pero siempre de forma objetiva, por eso requiere que lo evidente sea a la vez claro y distinto. Estos dos términos son recurrentes en la filosofía cartesiana y, aunque no trascenderán más allá del propio autor, merece la pena que sean explicados:

  • Clara es una idea cuando está y es conocida de forma separada a las demás.
  • Distinta es una idea cuando sus partes o componentes son separados unos de otros y conocidos con interior claridad.

Para descubrir este tipo de ideas hay que ver cómo funciona la Razón y como puede llegar a alcanzar ese conocimiento de las naturalezas simples. Lo hace a través de la intuición que es "una luz natural que conoce de forma inmediata" y después por la deducción o sucesión de intuiciones por las cuales la inteligencia descubre las conexiones que se dan entre las intuiciones.

En la segunda parte del Discurso del Método expone las cuatro Reglas metódicas ya apuntadas en Regulae:

Las cuatro reglas de Descartes[editar]

  • 1ª: Evidencia. No admitir como verdadera cosa alguna si no se sabe con certeza (con claridad y distinción) que lo es, es decir, sin poder dar ocasión a la duda,va en contra del principio aristótelico de la identidad o razón suficiente para poder concretisar una idea de primera intención.
  • 2ª: Análisis. Dividir las dificultades en la medida de lo posible hasta llegar a sus componentes últimos para hallar más fácilmente la solución.
  • 3ª: Síntesis. Conducir ordenadamente los pensamientos en orden creciente de complej~idad.
  • 4ª: Enumeración. Realizar revisiones muy detalladas para estar seguro de no omitir nada.

Con todo ello Descartes intentó establecer los principios de una "Mathesis Universalis".

Teoría del conocimiento y metafísica[editar]

Fundamentalmente la aplicación de su método se llevará a cabo en las Meditaciones Metafísicas aunque su teoría también está expuesta en el Discurso yen la Regulae, aunque de forma no tan intensa.

La duda universal y metódica[editar]

Comienza en la primera meditación con una actitud crítica de todo el saber. Al considerar no fiables todos los conocimientos, intentará librarse de todo tipo de prejuicios, para lo cual utiliza como instrumento de trabajo la Duda Metódica: no es una duda real escéptica sino el planteamiento de si hay motivos para dudar del conocimiento.

Es metódica porque no duda de cada conocimiento individual, idea o creencia que tiene, sino que el objeto del análisis son las razones en las que se fundó para darlos por válidos, por lo que plantea el camino a seguir para encontrar la verdad.

La duda es también provisional ya que en cuanto haya encontrado un principio evidente la podrá abandonar para construir un conocimiento certero.

Así, cree encontrar los motivos por los cuales dudar de todo:

  • El conocimiento sensible es engañoso: considera la incertidumbre de los datos sensibles puesto que no todo lo que sentimos es cierto; nada más hay que pensar que en ocasiones se nos presentan errores de percepción debidos a débiles estímulos.
  • Imperfección de las ciencias compuestas: no son infrecuentes los errores de razonamiento, ya que las conclusiones tradicionalmente aceptadas son muchas veces erróneas.
  • Imposibilidad de distinguir entre el sueño y la vigilia: ante esta imposibilidad podría darse que todos nuestros pensamientos, así como cuanto vemos y vivimos, fuesen en realidad un sueño.
  • La hipótesis del genio maligno: si nuestro entendimiento pudiese ser influido por cierto genio maligno (eufemismo que utiliza para poder dudar de la bondad de Dios y evadir la Inquisición) que quisiera llevarnos a considerar evidentes cosas que no lo son nos podríamos estar engañando continuamente si saberlo.

La primera verdad: El descubrimiento del Cógito[editar]

Descartes llega al punto en el que hay algo de lo que no puede dudar: de que dudo, saber y como dudar es una forma de pensar, si dudo existo ('Cogito ergo sum').

Dedica la segunda meditación a la esencia de ese yo pensante: "no soy un conjunto de miembros, un cuerpo, ni un aire delicado un alma; sino que soy un espíritu que piensa, o lo que es lo mismo: una conciencia".

Descubrimiento y análisis de las tres sustancias[editar]

Se considera sustancia a toda realidad que no necesita de ninguna otra realidad para existir.

Literalmente sólo Dios podría ser una sustancia, sin embargo, Descartes admite que existen otras dos sustancias que componen la totalidad de lo que es real: la "res cogitans" y a la "res extensa", ya que son independientes entre sí.

Res cogitans: el yo pensante[editar]

El pensamiento o conciencia, como conjunto de pensamientos, ideas y representaciones que existen en el yo es la subjetividad y a la vez la más firme realidad, al ser lo único que sobrepasó a la duda. Es aquello que duda, entiende, concibe, afirma, niega, quiere, no quiere, imagina y siente.

Para encontrar otras verdades lo que hace es indagar dentro del propio sujeto, donde encuentra las ideas, que es lo que son el objeto de sus pensamientos. Las ideas si se consideran en sí mismas no pueden ser falsas, sin embargo lo que yo pienso no tiene por qué existir.

Es una sustancia imperfecta, aunque dotada de razón. Las ideas del yo pensante son de tres tipos, y si hay que partir de ellas para descubrir otras posibles realidades, habrá que analizarlas:

  • Ideas adventicias o adquiridas: proceden de la experiencia externa y por lo tanto pueden resultar erróneas. Un hómbre o un árbol son ideas adventicias.
  • Ideas facticias o artificiales: las construye nuestra mente en ocasiones de forma arbitraria gracias a otras ideas y a la imaginación. Son ejemplos de ideas facticias un unicornio o una sirena.
  • Ideas innatas o naturales: existen en el pensamiento y no proceden de la percepción de objetos externos sino que emergen de la propia facultad de pensar, es decir, las percibo en el cogito. Son las únicas que me servirán para descubrir otras realidades.

La res infinita o sustancia divina, Dios[editar]

Analizando el cogito se puede descubrir entre otras la idea de perfección o infinitud. Esta es una idea innata que posee el yo pensante, la idea de Dios. Esta idea no puede ser adventicia porque de Dios no puede haber experiencia directa. Tampoco puede ser facticia porque la suma de finitos no da lugar a un infinito, y además como es perfecta no puede provenir de nosotros, sustancia imperfecta, luego tiene que ser innata.

Es la idea que permite al yo pensante ir más alla de su propia subjetividad, permite afirmar que fuera del yo pensante hay una realidad extramental, que es precisamente la idea innata de Dios. Dios es, por tanto, garantía de realidad. Como es garantía de realidad, es, también, garantía de conocimiento. Ahora bien, ¿Existe Dios?

Descartes asegura que Dios existe recurriendo a tres argumentos diferentes:

  • Principio de causalidad: Es preciso que haya una causa de esta idea que yo poseo de Dios; si yo que soy finito poseo la idea de Dios, ha de proceder de Él, luego Dios existe.
  • Único ser necesario: Si los seres tenemos distintas cualidades en distinto grado necesitamos un ser no contingente (necesario) que posea todas esas cualidades en grado sumo. Es decir, es necesario que exista un ser perfecto que sea modelo de todas las cualidades buenas y no posea ninguna de las malas.
  • Argumento ontológico de San Anselmo: Si afirmamos que ese Ser posee todas las perfecciones, es evidente que una de ellas debe ser la de existir, puesto que en caso contrario carecerían de sentido todas las demás.

La res extensa, el mundo[editar]

Descartes considera que Dios existe y es infinitamente veraz y bueno. Así, la razón con la que Dios dota al ser humano gozará por su bondad y su veracidad de la mayor fiabilidad posible, por lo que Dios impide así que yo me engañe al creer que el mundo existe, luego el mundo tiene que existir.

Esta sustancia es finita y creada y esta conformada por los cuerpos imperfectos de animales, vegetales y cosas.

El mundo es para Descartes una gran máquina donde Dios impulsó el Primer Movimiento y la inercia lo continúa. Descartes deduce a partir de las últimas deducciones la física que rige el mundo.

La física o res extensa tiene existencia y movimiento, luego tiene figura y velocidad respectivamente (clásica constitución física de la cantidad de movimiento newtoniana: p=mv). Cuando un cuerpo grande colisiona con uno más pequeño, éste recibe su cantidad de movimiento. En cambio, cuando uno pequeño colisiona con uno mayor, la pierde. Esto implica que la cantidad de movimiento total en todo el mundo se mantiene, nunca produciéndose ni mayor ni menor movimiento del que Dios dio. Así se conforma la inercia.

Para que un cuerpo no pierda su inercia es necesario la inexistencia del vacío, pues si un cuerpo colisiona con él perdería todo su movimiento y la gran máquina acabaría parándose. De ello se deduce que existen tres tipos de materia:

  • La materia gruesa: No dejan traspasar las partículas de luz.
  • El éter: Partículas diminutas que no se ven pero ocupan todo el espacio entre cuerpos formados por materia gruesa.
  • Las partículas de luz: Hacen visible a los objetos.

Y así fue deduciendo la física del mundo.

Atributos y modos[editar]

Cualquiera de las sustancias expuestas con anterioridad son susceptibles de tener atributos y modos:

  • Atributos: Aquello por lo que una sustancia se distingue de otra.
  • Modos: Diversas modificaciones que afectan a los atributos y por medio de ellos afectan a la sustancia.


Res cogitans Res infinita Res extensa
Sustancia Pensante Infinito Extensa
Atributo Pensamiento Infinitos Extensión
Modos Entendimiento, voluntad, memoria, sensaciones e imaginación No tiene Figura y movimiento


El hombre es un compuesto de dos sustancias independientes con una unión meramente accidental y difícil de explicar. Aunque la esencia del hombre es pensar, Descartes interrelaciona el cuerpo y el alma situando a esta última en glándula pineal o epífisis, que se encuentra en medio del cerebro, y recibe la información del exterior mediante los espíritus vitales o animales a través de la sangre.

Antropología: mecanicismo y libertad[editar]

Descartes reactiva el dualismo cuerpo-alma de Platón. Según Descartes, el cuerpo está gobernado por leyes mecánicas. Como vemos, Descartes tiene una postura meramente mecanicista (Esta teoría reduce al ser vivo a una serie de causas y efectos estrictamente físico-químicos). Por contra, el alma es una sustancia que de ninguna manera se puede someter a las leyes mecánicas que rigen el cuerpo. El alma es libre. Descartes rechaza la posición teológica de Aristóteles. Además, como toda la naturaleza y materia está en el orden inferior al del pensamiento humano, la naturaleza queda a disposición y servicio del ser humano.