Introducción a la Filosofía

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En este curso nos proponemos introducir al estudiante como participante activo de la filosofía, que conozca sus principales términos, los temas y los pensadores. Está diseñado para darle la base común y lograr así la comprensión y el análisis de los principales pensadores. A diferencia de los cursos más avanzados de la filosofía, la lectura debería ser relativamente menos difícil, y así se creara una buena base para que luego el estudiante aumente su propio conocimiento y pensamiento de forma individual.

Así pues esta debe de ser una pequeña introducción a la filosofía. Pero ¿Qué es la Filosofía? Según el diccionario de la RAE de la lengua entendemos por filosofía al conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano. Es decir, la filosofía se encarga del conocimiento de la verdad, de la mente, del ser humano, de la realidad, del propio conocimiento, de la moral, de la belleza, de la virtud, de la existencia o del lenguaje humano. Y la filosofía busca este conocimiento, este saber, de manera crítica y lógica, basandose en los argumentos racionales.

Y ahora que tenemos cierto concepto de qué es la filosofía, pensemos ¿Cuándo surgió? ¿Por qué? ¿Dónde? ¿Cómo? La filosofía como saber en un principio los presocráticos no la consideraron así, simplemente se preguntaban por el acontecer en el mundo, por los procesos que era un poco incomprensibles y tratados de manera mítica.Pero para surgir se gestó un proceso de formación de una cultura griega(original o con influencias, eso se hablará despues)

Otras preguntas importantes son: ¿Quién soy yo?, ¿Por qué estamos aquí? y también ¿Cómo pensaba la gente que eran nuestros antepasados?Pero, la pregunta principal de la filosofía es ¿Que es primero el ser o la conciencia?


  • Definición etimológica: amor a la sabiduría.
  • Lat.= philosophĭa
  • Acepciones genéricas, comunes y actuales del término:
  • Conjunto de conocimientos, explicaciones, consideraciones, reflexiones y pensamientos sobre el mundo y su realidad, así como de la posición y obrar del ser humano en él.
  • Sistema de ideas concreto que dice explicar las cosas.
  • Disciplinas que se aglutinan bajo el vocablo y que se siguen e imparten en centros de enseñanza.
  • Actitud de mesura ante los contratiempos de la vida.
  • Visión estratégica de un asunto, a priori, complejo.
  • Especulación ideológica o doctrinaria. Ideario.
  • Estado de opinión, apreciación y valoración.
  • Fundamentos y principios de alguna clase de saber.
  • En una clasificación histórica, un periodo en el que ha transcurrido ella misma. En una clasificación geográfica, una ubicación concreta de desarrollo de ésta.
  • Modo de entender y afrontar la vida humana cotidiana, tanto en sus aspectos individuales como en los colectivos, políticos y sociales.

Introducción[editar]

Desde que el hombre, allende los tiempos, caminó erguido, se han ido introduciendo cambios cada vez más avanzados y complejos a lo largo de su evolución. Los más drásticos obedecían al propio transcurrir natural de los acontecimientos (p.ej. la encefalización); sin embargo y, poco a poco, el hombre empezó a dominar el fuego, a construir herramientas como el bifaz, a dividirse el trabajo, a enterrar a sus muertos, a utilizar un lenguaje o a organizarse en algo similar a clanes. Lo que sí es cierto es que en algún momento de los albores de la humanidad, ésta se planteó que formaba parte de un mundo físico que no se sabía de dónde había salido y tomó conciencia de su propia existencia. Ese mundo exterior que le proporcionaba alojamiento o comida y el porqué estaba allí, le produjo al hombre primitivo perplejidad y curiosidad.

Por aquel entonces, los hombres no contaban con aparatos, artefactos y máquinas que les ayudasen a medir o representar convenientemente ese conjunto de fenómenos en apariencia inextricables. Su tecnología estaba centrada en hacer un buen fuego frotando maderos secos o mediante el pedernal, en fabricar puntiagudas lanzas que penetraran en sus presas para proveer a su prole, en medir el tiempo según la posición del Sol y el visionado de la Luna o en curtir las pieles para proporcionarse abrigo. Eso les llevaba gran parte de su tiempo de vigilia y no les quedaba mucho más con el fin de dar respuesta a una cosa que no era tan evidente como la comida que tenía delante de sus dientes. Pero en absoluto debe pensarse que eran mentes inferiores o infantiles: eran lo que eran en virtud de lo que las circunstancias les dejaban ser, porque mediatizados por la supervivencia, las cosas eran ideadas pragmáticamente con vistas a un uso en dicha supervivencia. Aún así, estos hombres antiquísimos, pergeñaron una buena hipótesis que transportar en sus ocupados cerebros sobre la cuestión: puesto que había montañas, ríos, animales y un sinfín de cosas que ellos no habían puesto allí, imaginaron que algo o alguien las tuvo que poner, para bien o para mal. Multitud de fuerzas mágicas, divinidades y consideraciones animistas daban explicación, a los distintos pueblos, de lo que ocurría y de por qué ocurría. En sí, no necesitaban mucho más en su exiguo tiempo para la supervivencia.

No obstante, conforme iban mejorando las condiciones de vida (Neolítico) también iba aumentando el tiempo disponible para la especulación sobre el mundo y el hombre. Pronto, las fuerzas mágicas y las divinidades, dieron paso a extensas leyendas, complicados panteones divinos y extraños ritos adivinatorios; al final, más inextricables que la percepción directa del mundo en sí. Los sacerdotes y oráculos se veían sobrepasados en sus relatos míticos que poco tenían que ver con la supervivencia, la naturaleza y la realidad. Ante este proceso de abstracción más absurdo que explicativo, los hombres empezaron a idear cosmovisiones más sintéticas y con principios más plausibles. Este proceso es conocido con el nombre de paso del mito al logos.

Origen de la filosofía[editar]

Contextos[editar]

Es muy común y coincidente datar su origen en la Grecia del s.VI adC. aproximadamente. Sin embargo, si tenemos en cuenta que la invención de la escritura lo fue en torno a hace 4000 adC, es muy posible que una especie de especulación pre-filosófica estuviera presente en muchas culturas. Así, se ha asumido durante mucho tiempo que, la filosofía, tuvo un origen y diseminación europeas, cuestión harto difícil de afirmar por cuanto, por ejemplo, Lao-Tsé —chino— era coetáneo de Sócrates y Platón —griegos—. Probablemente, existieron soluciones diferentes al problema que planteaban unas leyendas que en poco o en nada satisfacían a los hombres, asimismo, expresadas en distintos lugares del globo y sin conexión directa entre sí. Es muy curioso, en este sentido, que los primeros que usaron las palabras filosofía o filósofos fueron adjudicadas a personas que no pertenecían a la metrópoli (Atenas) sino a sus colonias: Mileto, Sicilia, Éfeso... Es decir, a aquellas personas que estaban en contacto directo con culturas y formas de pensamiento distintas a la tradición ateniense hasta entonces.

Existe también el problema de que la filosofía —tanto en origen como en algunas tendencias posteriores— no es algo tan alejado de la religión como aparentemente quieren hacer ver algunos. En primer lugar, si no hubiera existido una amplia y profunda especulación sobre la religión (es decir, sobre la primera explicación del universo), no hubieran existido mimbres conceptuales con los que construir otro modo de pensar. En segundo lugar, los primeros filósofos, en general, (y algunos otros después), no dejaban de albergar principios religiosos ni en sus tesis ni en su vida cotidiana. Finalmente, la religión daba ideas aunque con aplicaciones opuestas. Verbi gratia, el monoteísmo y la monolatría (inventadas en el tiempo antes que la filosofía) dieron pie a la síntesis de un solo principio cosmogónico.

Lo que sí hay que reconocer es que en la Grecia Antigua se alcanzó y se desarrolló un tipo de pensamiento -el filosófico- cuya influencia posterior es innegable, distinto y diferenciado al pensamiento religioso o mítico. Y a eso nos vamos a referir con la expresión origen de la filosofía. Este origen hay que contextualizarlo en el antropomorfismo de la misma religión griega de ese tiempo, donde su esencia era una especie de dualidad entre lo divino y lo humano (véase Hesíodo en su Teogonía). Este acercamiento del hombre al mismo origen de las cosas trajo consigo el empezar a enunciar la causa inicial del mundo en otros principios fundamentales de la realidad distintos a los referidos a cualquier divinidad o fuerza mágica; porque, en sí, lo que hacía funcionar al mundo, podría alcanzarse por medio de la razón y no por un acto de fe. Dicho de otro modo, la fe no bastaba para explicar el universo porque su explicación, en esos tiempos, ya resultaba poco creíble a través de los mitos y la magia. De ahí que, los hombres más inteligentes de la época, comenzaran a pensar de otro modo para explicarse a sí mismos y a lo que ocurría a su alrededor.

Muchos de los conocimientos que se poseían en la época procedían de Egipto y Babilonia y, de hecho, los griegos no pocas veces se consideraron herederos de tales civilizaciones que, en cierto modo, admiraban. Si bien, ninguna de estas culturas ofrecía especulaciones sobre el mundo de tipo filosófico, derivando a la religión cualquier producto referido al principio de los tiempos. La originalidad griega fue, en este sentido, única. Sin embargo, en el contexto, la tecnología existente de aquélla, sin duda tuvo algo que ver a la hora de cambiar los métodos (la fe por la razón). Hay que tener en cuenta que, el comercio, los nuevos contactos y conocimientos geográficos y la conexión con otras civilizaciones y actitudes ante la vida (a partir sobre todo del s. VII ad C), convencieron a los griegos de esos tiempos de que cada pueblo y cultura tenía distinta perspectiva religiosa y ritos contradictorios respecto a los suyos propios; con lo cual, si la realidad y el mundo obedecían a las mismas reglas (seguía saliendo el sol, los ríos fluían igual, se comía carne y pescado también y cosas similares), era muy razonable pensar que los fundamentos del mundo debían asentarse en bases diferentes a las religiosas (tan variadas y verdaderas como pueblos visitaban y conocían).

Sin embargo, la historia no le ha dado el reconocimiento que se merece a aquel que fue el primero en acuñar el término Filosofía (Platón).

Ubicación[editar]

La mayoría de los historiadores parecen coincidir en que la patria de la filosofía fue Mileto, ciudad jónica del Asia Menor. Fueron, así pues, los jonios de esa zona quienes atribuyeron por vez primera el principio rector de las cosas a algo natural; es decir, que la causa del mundo estaba en la propia naturaleza y no en un origen divino o mítico. Tres circunstancias favorecieron esta cuestión:

  • Mileto era una ciudad marítima poderosa donde convergía todo el saber tecnológico de la época venido de partes tan distantes como Iberia, Bablilonia, Egipto o el país de los Escitas.
  • Mileto gozaba de una paz y de un intercambio comercial prósperos.
  • Los jonios disponían de una predisposición intelectual y de observación característica de una visión racional, fuera del ámbito sentimental y subjetivo.

Filósofos que se atribuyen a la escuela de Mileto (probablemente por su nacimiento) son:

En el año 494 adC, Mileto fue destruida por los Persas, aunque su pensamiento físico perdurase e influyese posteriormente. Cronológicamente, la tradición histórica nos sitúa ante la figura de Pitágoras y la escuela que de él se deriva. Éste, aunque nacido en la isla de Samos, por cuestiones políticas emigró a Crotona (Magna Grecia, actual sur de Italia). Temporalmente en paralelo está Heráclito de Éfeso y la escuela eleática encabezada por Parménides (Elea era una ciudad de la Magna Grecia). Y a partir de entonces podemos entrar en lo que se llama historia de la filosofía.

Conceptualización originaria[editar]

1. La ruptura con el mito.- Ya se dijo que los mitos, en un momento dado, fueron insuficientes para explicar el mundo e incluso resultaban poco creíbles. La propia técnica que se manejaba hacia el s. VI adC en Grecia, necesitaba de elementos más tangibles que describieran la realidad en otros términos que no fueran narraciones sobre dioses, seres semimágicos, héroes o transmutaciones venidas de no se sabe dónde. Sin embargo, se infiere que el mundo es inteligible (entendible, captable, alcanzable) y se interpreta como naturaleza (physis) y, por tanto, como principio generador del que nace todo lo que percibimos. Y tal principio (arché) tiene una causa natural y no divina.

2. Los hombres que rompieron con el mito.- No se piense que, en la Historia de la Filosofía, todos los hombres cambiaron de modo de pensar automáticamente a partir de Tales de Mileto. Eso sería muy ingenuo y poco cercano a la verdad. En general, todos los hombres que participaron en los albores de la filosofía, eran aristócratas (algunos tenían lazos con la realeza), individuos cultos y muy versados en las ciencias de entonces. Solían dominar la escritura (aunque sabemos de ellos por un puñado de fragmentos y por otros filósofos recopiladores), las matemáticas, predecían eclipses, el Teorema de Pitágoras se debe a éste o a uno de sus discípulos, se enseñaban unos a otros (Tales a Anaximandro y éste a Anaxímenes, o Sócrates a Platón y éste a Aristóteles) fundando escuelas o academias y, casi todos, participaban en la vida pública y política de modo influyente. Precisamente, por sus ideas novedosas, muchos fueron perseguidos o desterrados. Piénsese en estos primeros filósofos como una élite crítica con el modo de pensar mítico y avezada en conocimientos científicos y técnicos de la época, pero que pertenecían a clases pudientes, con grandes propiedades y que mantenían esclavos. Es de este modo como podían viajar, tener contactos con los mejores intelectos de entonces, leer, experimentar, inventar, pensar en cómo organizar la polis y dedicarse a la especulación sobre el mundo y el hombre. Aún así, teniendo en cuenta las circunstancias que les tocó vivir, nada les resta mérito en su obra de cambiar el pensamiento.

3. El logos.- El significado del término tiene varias acepciones: estimación, aprecio, relación, proporción, medida, razón de ser, causa, explicación, frase, enunciado, definición, razonamiento o argumento. No obstante, para operar con el término en unas condiciones expositivas generales, logos se enfrenta a mito por cuanto este último se manifiesta en un lenguaje poético y literario (fantástico), con una retórica de tradición oral. En cambio, el logos lo hace en forma de un discurso calculado, razonado, justificado y por escrito. La forma discursiva se complementa con su fondo, pues el logos trata de encontrar el orden del mundo y de las cosas (el kósmos) en el mismo devenir natural del universo.

Conceptualización evolucionada[editar]

La filosofía es una actitud mental que pretende explicar las cosas -las que fueren, pero fundamentalmente el mundo y la posición del hombre en él- argumentadamente. Tan amplio concepto, ha dado a lo largo de la Historia tantas definiciones como individuos se han acercado a esta especulación; de ahí que muchos piensen que abarcar todos los puntos de vista en los que se ha utilizado el término, tan sólo se puede conseguir a través de su descripción y narración histórica. Sin embargo, esto es una perspectiva más sobre el tema.

Lo primero que hay que decir es que, la filosofía, no implica necesariamente sabiduría o saber. Lo único que pone de manifiesto es la predisposición a eso mismo. Tal actitud mental pretende articular unas líneas maestras donde ir sujetando lo que vamos aprendiendo, descubriendo, inventando e ideando. Es un diseño procesual en constante evolución tanto personal como colectivo, porque no se trata de algo revelado por Dios, que se elabore por azar, que sea legislado por alguien o que se pergeñe en un abrir y cerrar de ojos. Es un posicionamiento intencional, razonado, procedimental y metodológico que busca ese saber.

El saber al que se refiere la filosofía es tanto teórico (conocimiento de la realidad) como práctico (cómo vivir la vida, individual y/o en sociedad) y, su pretensión es alcanzarlo mediante una reflexión sistemática y coherente conectada al devenir humano. De suerte que la filosofía se argumenta desde lo que puede conocer el hombre y no desde la fe (al menos, únicamente). Remitir todo lo que ocurre en el universo al sentido religioso es un ámbito estrictamente de fe, no de la filosofía. Ésta emerge del acto de incredulidad ante ciertas creencias que son poco sostenibles a la luz de la razón. La filosofía puede incluir cualquier pensamiento religioso, pero la religión -la que fuera- no puede incluir cualquier pensamiento filosófico. Otro tanto diferencia a la filosofía con la ciencia. Esta última parte de un posicionamiento filosófico por su apetencia de conocimiento de la realidad y del hombre; si bien, no todo pensamiento filosófico puede considerarse científico. Hay quien sostiene que la filosofía es una clase de saber; sin embargo, es más preciso decir que la filosofía es un arte de preguntar al mundo, a uno mismo y a los demás e intentar contestar de un modo comprensible, aprehensible y razonable.

De este modo, la filosofía es un proceso, nunca un producto final. Es la superación de explicaciones que sólo se basan en la fe (te las crees o no) aplicando la racionalidad y la razonabilidad. La filosofía también es la acumulación de sus propios textos (o que se tienen como tales), donde las distintas explicaciones ofrecidas a lo largo de la Historia establecen una dialéctica entre ellas, tratando de imponerse a sus contrarias e intentando superar los errores cometidos por las anteriores en el tiempo. Así entendida, la filosofía es circunstancial y que siempre está en obras. No es lo mismo filosofar en el siglo X que en el XXI, pues aunque haya inquietudes humanas iguales y semejantes, también existen soluciones dispares y diversas en virtud de unos recursos humanos, tecnológicos y materiales asimismo distintos.

En definitiva, la filosofía es una posición crítica respecto a las religiones y a otras clases de saberes (incluidas las ciencias mismas), que impele a revisar y cuestionarse todo lo anterior con la perspectiva de un presente. Estas mismas líneas son crítica y criticables porque no se puede hablar de filosofía sin hacerla. La filosofía no define los problemas, sino que los crea y los plantea, nutriéndolos hasta dar con hipótesis superadoras de las cuestiones que le van surgiendo en su reflexión. En sí, el ansia de saber del ser humano es muy factible interpretarlo como la búsqueda del conocimiento liberador de sus inseguridades y sus incertidumbres.

La filosofía en los albores del siglo XXI[editar]

Hay una cuestión de partida que hay que tener clara: o bien la filosofía es algo distinto a las religiones y a las ciencias, o bien no lo es (es decir, que la filosofía queda inserta en ellas de algún modo). Las creencias religiosas proporcionan seguridad y certidumbre al ser humano mediante un acto de fe y no de la razón; por lo que la filosofía hay que entenderla como algo distinto a aquéllas. Por el contrario, las ciencias no albergan "sistemas de creencias" contrarios a la razón y entendimiento humanos, sino que además los amparan y buscan pruebas de credibilidad intersubjetiva; por lo que la filosofía se acerca mucho más a las ciencias que a las religiones. La filosofía acepta la existencia del hecho religioso y que éste le ha acompañado históricamente al hombre, pero no tiene por qué compartir su fe. Es más, la fe, para la filosofía, es un problema a superar porque, en sí, es irracional: forma parte de un pensamiento mítico y por eso la cuestiona y la critica. Salvo creyentes de una fe que se autodenominen filósofos, pocos son los que en filosofía no ponen en tela de juicio los dogmas de fe (así como otras muchas cosas) en el 2005. Por ejemplo, tomemos el dogma de fe cristiano de la virginidad de María -la madre de Jesucristo-, el cual supone una inseminación divina. Eso es insostenible en filosofía porque atenta contra el conocimiento que tenemos hoy sobre la naturaleza de estos asuntos; máxime cuando existen, curiosamente, mitos de religiones anteriores a la que, hasta la fecha, sostiene esto, que relatan algo parecido (p. ej. el mito de Osiris).

La crianza y cercanía entre la filosofía y la ciencia es histórica; sin embargo, con más vigor las ciencias de hoy van restando su lastre filosófico en la medida que puedan hacerlo. Son las ciencias quienes no desean a la filosofía porque ésta las va a cuestionar inmediatamente y les va a hacer un sinfín de preguntas de difícil respuesta científica. Arguyen -las ciencias- su potente utilidad tecnológica y que las preguntas filosóficas les van a retrasar en su quehacer. La filosofía es la primera postura que apoya el conocimiento y métodos científicos (antes que las religiones, tanto históricamente como en la actualidad) y la primera en divulgar y respetar ese trabajo que tanto ha dado a la humanidad; pero no puede olvidar otros aspectos humanos al respecto: ¿son las ciencias realmente lo que dicen ser?, ¿acaso los científicos no forman grupos de interés?, ¿por qué las ciencias no nos hacen más felices?, ¿en virtud de qué teoría científica se articula que las ciencias hagan ricos a unos y pobres a otros?, ¿en manos de quién está la información estratégica de las ciencias y de las tecnologías aplicadas?, ¿quizás tengan las ciencias su lado mítico y místico?... La supremacía tecnológica da más poder económico y militar a quien la posee, los gobiernos financian ciertos proyectos científicos y otros no (no se compite en igualdad de condiciones), entidades privadas con ánimo de lucro manejan patentes tecnocientíficas a su antojo o, lo que es peor, se lanza al aire la ilusión de que las ciencias son la nueva verdad por sus conquistas y avances (convirtiéndose de esta suerte, en la religión de moda).

La filosofía (aunque deberíamos decir filosofías para ser coherentes) es desconfiada por naturaleza pues es humildemente ignorante. Se haya ante la complejidad, el pluralismo, la incertidumbre y el relativismo por un lado y, con el dogmatismo, lo inmutable y la metafísica de la necesidad, por otro. No comprende que, aún hoy, exista hambre en el mundo, haya desigualdades sociales y culturales brutales o se tengan guerras por el dominio del petróleo. Las filosofías no entienden como los científicos firman cláusulas de confidencialidad en sus contratos, por qué los gobiernos ocultan información a sus ciudadanos, la mujer no tenga los mismos derechos que el hombre en muchos países o por qué hay muchos desencuentros entre las gentes. Las filosofías y los filósofos seguirán preguntando y molestando a las ciencias y religiones con sus preguntas una y otra vez. Preguntarán al Papa de Roma si con pedir perdón a los judíos de hoy, por ejemplo, queda exonerado su pecado colaboracionista con los regimenes nazis, fascistas y totalitarios para asegurar la supervivencia de la Iglesia Católica durante la II Guerra Mundial. Preguntarán al genetista de turno, si clonar seres humanos sirve de algo o es un mero "a ver qué pasa". Se preguntarán y se cuestionarán a sí mismos, reflexionando sobre si hacen las preguntas adecuadas para el avance del conocimiento, su libre circulación y acceso; sobre si los errores de la humanidad la conducirán a su fracaso como especie o a rectificar su acción colectiva en el planeta Tierra. Continuarán, en definitiva, siendo curiosos ante el mundo y el hombre.