Histeria y obsesión en Freud

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Histeria y obsesión en Freud El juego de las diferencias por G.E. Corvera


1. Introducción

Realizaremos un recorrido por diferentes momentos de la obra freudiana para localizar las aproximaciones y distanciamientos de estos dos tipos clínicos de la nosografía psicoanalítica. En la historia de la psiquiatría la histeria pasó del descrédito a tener un lugar en el estudio de la enfermedad mental, pero más allá de estas vacilaciones había sido localizada como enfermedad mental. Las obsesiones estaban desperdigadas en diferentes enfermedades a la manera de síntoma. Freud aislará la neurosis obsesiva a fines del s.xix y la ubicara en su nosografía junto a la neurosis histérica como dos psiconeurosis, grupo que se diferenciará de las llamadas neurosis actuales. Por ahí comenzaremos.


2. Desarrollo

Antes de introducirnos en los distintos momentos de la obra freudiana destacaremos a modo descriptivo la presentación del síntoma en estas variedades de la neurosis. En la historia de la psiquiatría la obsesión había sido identificada en su envoltura formal reconociendo los siguientes rasgos: la coacción, la implicación en el fenómeno y la lucha ansiosa. Freud prestará especial interés a la presentación del síntoma en la neurosis obsesiva. En las lecciones de introducción al psicoanálisis nos habla de los siguientes fenómenos: la presentación de impulsos ajenos a la voluntad, los neuróticos se ven obligados a realizar actos que no les aportan placer, ceremoniales, medidas de prevención, actos obsesivos, imposición de ideas absurdas , ideas e impulsos de los cuales el sujeto se horroriza. Además temores obsesivos y prohibiciones. En el caso de la histeria la psiquiatría ya se había pronunciado acerca de la movilidad de los fenómenos. Los síntomas somáticos sin deterioros de la función y obedeciendo a una anatomía imaginaria, cobran un lugar central, las llamadas conversiones. Recordemos algunos síntomas conversivos de Dora: disneas, migraña, tos, afonía, pérdida de conocimiento, renguera, etc. Además pueden presentarse alucinaciones e ideas delirantes. Frente a esta diversidad en lo imaginario uno debe preguntarse desde que criterio se establece en Freud la reunión de estas neurosis en un mismo grupo y desde que puntos se establecen las diferencias. Para ello recorreremos distintas etapas del pensamiento freudiano.

A. El momento del trauma y la defensa.

En este momento inaugural Freud trabaja primero con Breuer para luego continuar una labor independiente. Destacará Freud el papel de lo traumático inspirándose en los estudios de Charcot para precisar la etiología de la histeria. En este momento se concebía de una importancia capital en la histeria la escisión, la conformación de grupos psíquicos separados (Janet). Lo que Freud cuestiona es el lugar de la escisión en la ensambladura de la neurosis. Le asigna éste un lugar secundario pasando a un primer plano la defensa. Nótese que en la finesa clínica de Pierre Janet la escisión, sin embargo, contiene un sesgo deficitario siendo expresión de la degeneración mental. Freud ubicará la disociación como resultado de un mecanismo psíquico frente a la representación inconciliable: el mecanismo de la defensa. Es así que Freud podrá reunir desde este punto de vista la histeria y la obsesión. En ambos operará la defensa en el origen separándose un tramo después. ¿En qué consiste la defensa y frente a qué opera? La defensa consistirá en el divorcio entre representación y afecto. Siendo lo inconciliable una vivencia de naturaleza sexual, una vivencia teñida de afecto, el trauma. Histeria y obsesión coincidirán en todos estos puntos, sin embargo, la naturaleza de la vivencia sexual, del trauma, será diferente, así como el mecanismo de formación de síntoma. En el caso de la histeria se tratara de una vivencia de pasividad. La seducción del niño por una persona mayor, vivencia displacentera. En la obsesión, por el contrario, se tratara de una acción sexual realizada con placer y donde el niño tiene un papel activo. Se colige, no obstante, un momento previo de pasividad explicándose así la contaminación de síntomas entre histeria y obsesión. La teoría del trauma se descompone aun en dos tiempos. La vivencia sexual infantil y un segundo momento luego de la pubertad que siendo de carácter anodino se enlaza con el momento primero posibilitando el accionar de la defensa que opera sobre todo el proceso. Mientras tanto la representación ha tomado sobre si una intensidad solo comparable al vivenciar, dado que el desarrollo de la pubertad se ha interpuesto. Es esta intensidad del recordar lo que explicara en esta etapa del pensamiento freudiano el accionar de la defensa. En cuanto al mecanismo que sigue a la defensa en la formación sintomática, se explica el destino del afecto tras el divorcio operado por aquella. En la histeria se trata del fenómeno conversivo, de un salto de lo psíquico a lo somático, soma que expresara simbólicamente la representación. La suma de excitación es transpuesta a lo corporal, siendo la conversión parcial o total sobre una inervación motriz o sensorial que mantiene un nexo con la vivencia traumática. La obsesión, dice Freud, es el reino de la sustitución (al igual que la histeria). El afecto se desplazará a otras representaciones que por ello tomaran una intensidad discordante. Es el fenómeno de la compulsión. Se produce así un enlace falso con la representación sustitutiva, una mesalliance, un casamiento desigual. Es de notar el peso que tiene la etiología sobre la nosografía. Esta se traspondrá en la morfología de las neurosis. Dice Freud que factores sexuales diferentes en la causación producirán cuadros diversos de contracción de neurosis. Etiología actual sin participación del mecanismo psíquico en el caso de las neurosis actuales. Neurosis históricas en el caso de las psiconeurosis. Un demasiado poco en le caso de la neurosis de angustia (coitus interruptus, abstinencia, excitación frustránea, donde uno violenta excitación sexual no experimenta descarga suficiente, no consumación satisfactoria) un exceso en la neurastenia (onanismo, numerosas poluciones nocturnas), pasividad y displacer en la histeria, acción placentera en la obsesión.


B. La realidad psíquica y la regresión.

En un segundo momento Freud articulará la causación de la neurosis en lo que se llamará las series complementarias. La constitución sexual y el vivenciar infantil se conjugaran dando por resultado la predisposición, consistiendo esta en la fijación de la pulsión en determinado componente de la sexualidad infantil: en: prácticas y vivencias de la sexualidad infantil, en los afanes parciales abandonados y en los objetos resignados en la niñez. Se trata de la inmovilización de libido en dicho componentes. Esta es la primera serie complementaria. La segunda consiste en la predisposición antedicha en su juego con el vivenciar accidental adulto. Entretanto Freud ha abandonado a su histérica tomando la realidad del trauma un carácter textual. Dice Freud en la neurosis la realidad psíquica es lo que cuenta. Cuando por distintas circunstancias la libido no encuentra satisfacción en la realidad (la contracción de la neurosis es compleja- FRUSTRACIÓN, FIJACIÓN, INHIBICIÓN DEL DESARROLLO, FRUSTRACIÓN RELATIVA-) puede producirse la introversión de la libido en la fantasía y de allí a los lugares de fijación. Cuando esto sucede hablamos de regresión. Desde estos puntos de fijación se producirá el retorno de lo reprimido cuyo resultado es el síntoma. ¿Cómo se diferencia histeria y obsesión en este punto? Existen, dice Freud, dos clases de regresiones: el retroceso a los primeros objetos investidos por la libido, de naturaleza incestuosa, y el retroceso de toda la organización sexual a estadios anteriores. Pues bien, el caso de la obsesión es, además de la regresión que atañe a los objetos, una regresión de la libido al estadio previo de la organización sádico-anal. Hecho decisivo en la exteriorización de los síntomas. Por otra parte participa el mecanismo de la represión. En el caso de la histeria existe una regresión de la libido a los objetos sexuales primarios incestuosos. La represión es el mecanismo principal. Ahora bien, por otra parte, Freud realiza una nueva diferenciación en lo que se refiere al mecanismo defensivo y a la formación de síntoma. En cuanto a la defensa, Freud mantendrá el mecanismo de la represión para la histeria, correlato de las amnesias histéricas, mientras que el obsesivo presentará una modalidad defensiva que a partir de la sustracción del afecto desgarra los nexos causales entre las representaciones. El resultado dice Freud es el mismo pues la representación que por la sustracción de afecto le parece al obsesivo trivial o sin valor, no da en consecuencia curso a las asociaciones. Existen diferencias además en la forma en que la neurosis se articula al análisis. Mientras que el obsesivo se presenta al analista tardíamente, cuando la neurosis ya es muy grave y oculta sus padecimientos al entorno, la histeria se da al analista y exhibe sus síntomas. Sin embargo, Freud dirá que el modo en que el neurótico expresa sus pensamientos secretos, el lenguaje obsesivo es solo un dialecto del lenguaje histérico.


C. La pulsión de muerte.

En un tercer momento, y tomaremos como referencia inhibición, síntoma y angustia, Freud destaca en cuanto a la causación 3 factores: uno biológico, otro filogenético y un tercer factor psicológico. En cuanto a las formulaciones se ha producido un reacomodamiento de la teoría pulsional y tópica. Se ha introducido un mas allá del principio del placer, la pulsión de muerte, y la tópica se compone de tres instancias: yo, ello y superyo. En cuanto a la neurosis obsesiva, sigue vigente el papel de la regresión y el erotismo anal pero esto se planteara a partir de los reordenamientos conceptuales, en relación a la pulsión de muerte. En la regresión se ha producido dice Freud una desmezcla de pulsiones de la que el superyo toma su severidad. Nos la vemos en la obsesión con un superyo feroz. La participación del yo y el superyo en la obsesión es mayor que respecto a la histeria. El yo es presentado como la escena de la formación de síntomas. Recordemos que existen en la obsesión dos clases de síntomas que responden a diferentes tendencias: las prohibiciones y las medidas precautorias y penitencias, y las satisfacciones sustitutivas. La prohibición y la satisfacción se enlazan por vínculos artificiales. Se añade al segundo opuesto. En el caso más grosero dos tiempos: acción y 2ª cancelatoria. Esta es una de las diferencias respecto de la histeria. El conflicto anímico que llevo a la neurosis el síntoma, en la histeria es depositario de una condensación que reúne el interés tanto de lo reprimido como de la instancia represora. Es una formación de compromiso. En la obsesión nos vemos con síntomas llamados de dos tiempos, por un lado la acción que subroga lo reprimido, por otro su anulación. Es una variante motriz de la defensa. Por otra, recordemos las actividades del yo en la formación de síntomas.

1) Anular lo acontecido: en síntomas de 2 tiempos. Es una técnica de naturaleza mágica (actitud animista). Se trata de anular un hecho repitiéndolo de modo un tanto distinto. Es la técnica motriz de la defensa.

2) Aislamiento: también usa lo motriz. Se introduce una pausa luego de un suceso desagradable o síntoma. Mantiene un nexo con la represión: la vivencia traumática no es olvidada sino aislada, quitándosele nexos asociativos y desafectivizándola. El resultado es el mismo.

Los síntomas en dos tiempos se contrapones a la operación de la condensación en el caso de la histeria. En lo que se refiere al papel de la angustia frente al superyo en algunos tipos de obsesión aparece en la conciencia aunque el yo no puede adjudicarse aquello de lo que se le acusa. En la histeria es permanece inconciente.


3. Conclusiones.

El pensamiento de Freud es vivo y cambiante en relación a los desafíos que le propone la clínica. A Lo largo de su recorrido ha conservado histeria y obsesión y obedeciendo a rasgos estructurales, dentro de un mismo grupo nosológico, recorrido en el que se dibuja el juego de las diferencias.


quiel 22:42 21 may 2009 (UTC)